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Axel Kaiser: "El votante medio de Podemos es una persona privilegiada"

El intelectual chileno presenta La tiranía de la igualdad, que acaba de publicar en España la editorial Deusto.

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Axel Kaiser, autor de 'La tiranía de la igualdad'.

Axel Kaiser es uno de los liberales más influyentes de América Latina. Al frente de la Fundación para el Progreso de Chile, lleva años dando la cara ante una izquierda cada vez más socialista e intolerante, lo que le ha convertido en un autor polémico, pero también admirado. En España conocemos su trabajo gracias a obras como El engaño populista (Deusto), que firmó al alimón con Gloria Álvarez. Ahora publica (de nuevo en Deusto) el libro La tiranía de la igualdad, en el que carga contra los igualitaristas de todos los partidos.

–Diego Sánchez de la Cruz: Siempre se dice que la desigualdad es inmoral, pero usted cree todo lo contrario.

–Axel Kaiser: La igualdad material es incompatible con la igualdad moral, la igualdad en materia de dignidad. El Estado de Derecho nace de la igualdad ante la ley, pero al aplicarle las mismas reglas a distintas personas siempre obtendremos resultados distintos, algo consustancial al ser humano. Pensemos, por ejemplo, en el fútbol: no todos juegan como Ronaldo o Messi, aunque las reglas son comunes.

Lo que es inmoral es impedir que se den esas diferencias cuando se producen en una situación de igualdad ante la ley. Y, en base a esa inmoralidad, se crean leyes especiales que, de hecho, buscan nivelar hacia abajo a quienes destacan. Eso es indigno, porque generaliza una represión de la libertad que elimina las diferencias y abre las puertas a la tiranía más intervencionista y coactiva.

Para tener una sociedad igualitaria tendríamos que introducir todo tipo de prohibiciones, leyes, normas… Poca gente quiere un totalitarismo, pero son muchos los que contribuyen a hacernos menos libres cuando olvidan que buscar la igualdad material por la vía de la coacción estatal es algo muy peligroso.

–DSC: ¿Hemos avanzado ya hacia ese escenario?

–AK: Por el camino estatista se avanzó mucho en los años 60 y 70. Con Reagan, Thatcher y la caída del comunismo empieza a cambiar ese paradigma y se introducen políticas más liberales. Pero en los últimos diez años, y sobre todo a raíz de la crisis, hemos visto un rebrote de las políticas intervencionistas, a menudo justificado con una obsesión por la igualdad. Me preocupa esa obsesión porque es nociva para el progreso.

–DSC: Dos de los mecanismos igualitaristas más populares son la fiscalidad progresiva y la discriminación positiva. ¿Rechaza ambos?

–AK: Es inmoral cobrar un impuesto diferenciado a quienes son más productivos. ¿Por qué castigamos eso? Poner un tipo diferenciado en el Impuesto sobre la Renta no deja de ser un ataque envidioso a quienes ganan más.

Y lo que nunca se dice es que cuando ganas más en una economía de mercado es precisamente porque estás creando más valor para la sociedad. El creador de Cabify se está haciendo rico a base de hacer más cómodo y asequible el transporte. Por tanto, no tiene que devolver un dinero adicional a la sociedad, precisamente porque se ha enriquecido a base de aportar valor a los consumidores.

En cuanto a la discriminación positiva, lo veo como una forma más de discriminación. Nadie merece una posición especial, y, de hecho, pensar que alguien merece una posición especial implica aceptar que otros deben ser discriminados. Si hay discriminación positiva para unos, entonces también la hay negativa en contra de otros.

¿Por qué hay que nombrar a alguien por ser mujer, por tener un origen étnico determinado, por una orientación sexual, por una creencia religiosa…? Eso es hacer lo mismo que se hacía antes, eso es discriminar y romper con la igualdad que sí hay que defender, que es la de igualdad ante la ley.

–DSC: No me negará que sale rentable criticar la desigualdad: estamos ante la paradoja de que los economistas y polemistas que más dinero ganan son los que más cargan contra los ricos.

–AK: Joseph Stiglitz, Paul Krugman… Todos ellos son millonarios. Forman parte de las clases más acomododas. Cobran cientos de miles de dólares por sus charlas, vuelan en primera clase por todo el mundo… Sin duda, les sale muy rentable cargar contra la desigualdad.

–DSC: En su país, Chile, vemos que la desigualdad lleva décadas bajando. En España, la desigualdad ha subido, pero no porque los ricos sean más ricos sino porque los ingresos de las clases media y baja han caído a raíz de la crisis. ¿No estamos acaso importando el debate estadounidense sin tener en cuenta la realidad de nuestros países?

–AK: La figura de Thomas Piketty es interesante. Debe de ser uno de los economistas más conocidos y menos leídos del mundo. Aunque nadie se lee su libro, todos lo citan para justificar propuestas o mensajes igualitaristas. El caso es que sus datos están mal, como ya demostró el Financial Times, y su libro está cada vez más desacreditado.

Sin embargo, como bien dice, aunque los datos en Chile o España no respaldan la tesis de una explosión de la desigualdad, son muchos los que aprovechan libros como el de Piketty para confirmar sus prejuicios y lanzar sus proclamas y sus discursos igualitaristas.

–DSC: Podemos ha introducido el debate sobre la desigualdad en la agenda política española.

–AK: El votante medio de Podemos es una persona privilegiada en comparación con la mayoría de la población del mundo. Aquí no hay la pobreza que aún sigue existiendo en Asia, África, América Latina… La española es una economía desarrollada, con problemas, pero desarrollada. Y el votante de Podemos ignora eso.

Además, las encuestas muestran que muchos de los votantes de Podemos no solo son gente acomodada en comparación con el resto del mundo, sino en comparación con el resto de los españoles. Muchos son jóvenes urbanitas y con títulos universitarios. Personas a las que nunca les ha faltado nada.

Pero, eso sí, son gente envidiosa, que no quiere igualarse con los pobres, sino que quiere quitar dinero a los ricos para vivir como ricos. No están buscando soluciones para la pobreza, lo único que quieren es confiscar dinero a unos para dar ese dinero a otros. Y, en realidad, la pobreza se combate con crecimiento económico, con libertad económica, con inversión y con todas las condiciones que generan oportunidades, que crean empleo y que permiten que la gente salga adelante.

–DSC: Intermon Oxfam también está acaparando titulares con sus informes sobre la desigualdad.

–AK: Yo no sé cómo alguien puede tomar en serio esos informes. Por ejemplo, con su metodología resulta que un joven occidental que va a la universidad y pide un crédito es más pobre que un niño africano que no tiene nada. ¿Por qué? Porque ese crédito, de miles o decenas de miles de euros, significa que su patrimonio es negativo y, por tanto, eso le hace estar en una situación peor que la de alguien que verdaderamente está sufriendo la pobreza. ¡Es una estupidez!

–DSC: En su libro afirma que la izquierda está enamorada del Estado.

–AK: El socialismo es utópico y llama al Estado a convertirse en la fuerza que haga posible ese ideal. Y, como ya advertían Bastiat o Tocqueville, eso abre las puertas a todo tipo de intervencionismo, siempre con el objetivo de que el Estado nos haga iguales e intervenga según consideren las élites progresistas.

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