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Pedro Fernández Barbadillo

España avisó a EEUU de la invasión de Checoslovaquia

El diplomático Jaime de Piniés fue quien avisó al Gobierno de EEUU de la Operación Danubio, en la que el Pacto de Varsovia invadió Checoslovaquia.

Pedro Fernández Barbadillo
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El diplomático Jaime de Piniés fue quien avisó al Gobierno de EEUU de la Operación Danubio, en la que el Pacto de Varsovia invadió Checoslovaquia.
Un tanque soviético durante la ocupación de Praga | Alamy

En 1956, el mundo comprobó que el poder internacional correspondía sólo a dos superpotencias, la URSS y Estados Unidos. Los soviéticos invadieron Hungría y los norteamericanos detuvieron la operación conjunta de Inglaterra, Israel y Francia contra el canal de Suez y Nasser.

En enero de 1968, Alexander Dubcek y otros dirigentes comunistas de Checoslovaquia trataron de establecer en su país el "socialismo con rostro humano", que también recibió el nombre de Primavera de Praga. Se proponían una serie de reformas que atrajesen créditos e inversiones del Oeste para desarrollar la anquilosada economía nacional y permitiesen ciertas libertades, como la de prensa y la circulación, aunque el PC local mantendría su hegemonía.

Esta evolución, que rompía el monopolio del PC y reconocía el fracaso de la economía socialista, preocupó mucho en las viejas oligarquías comunistas de Moscú y sus satélites; aparte de por los efectos propagandísticos en Occidente, por la difusión que podía tener en el Pacto de Varsovia.

Desde 1967, a España le representaba en la ONU el diplomático Jaime de Piniés, que en su carrera tuvo éxitos como la resolución favorable a la descolonización de Gibraltar y su reintegración a España y la presidencia de la 40ª Asamblea General de la ONU. Y fue quien avisó al Gobierno de Estados Unidos de la Operación Danubio, en la que el Pacto de Varsovia invadió Checoslovaquia con al menos 500.000 militares. Así lo contó en sus Episodios de un diplomático.

A finales de un caluroso julio, se despidió de él el embajador de Checoslovaquia, quien se empeñó en conversar en el jardín de la sede de la ONU, en vez de en el Salón de Delegados, que tenía aire acondicionado. La razón, los micrófonos.

El martes 20 de agosto a las seis de la tarde, Piniés recibió una llamada de un compañero de la Misión Española para decirle que el embajador soviético, un armenio llamado Viktor Issraelyan, quería verle lo antes posible en la ONU.

Todos de vacaciones

En cuanto estuvieron juntos y después de saludarse, Issraelyan sacó un taco de folios escrito en ruso y empezó a traducírselos al inglés. El régimen comunista de Moscú estaba comunicando al Gobierno español la invasión de Checoslovaquia y justificándola como una defensa frente a los planes imperialista del Occidente capitalista, un anticipo de la Doctrina Breznev. Después de media hora de monólogo, Issraelyan concluyó y dijo que "se trataba de un mensaje muy urgente para el Jefe del Estado español, el general Franco".

Issraelyan no dejó ningún memorándum, dijo que no podía esperar porque tenía que comunicar el mismo mensaje al representante de otro país y se fue. Eran las siete y media de la tarde de un día laborable.

Desechada la sospecha de que fuera un impostor, Piniés llamó al Ministerio de Asuntos Exteriores de Madrid. En España era la una y media de la madrugada y el Gobierno estaba de vacaciones. Franco se encontraba en San Sebastián, con parte de los ministros y los embajadores. Piniés despertó a su ministro, Fernando María Castiella, que le dijo que Franco estaba navegando en alta mar y regresaría la noche del 21. El diplomático le transmitió lo dicho por Issraelyan. Castiella le preguntó a qué atribuía que los soviéticos les hubiesen comunicado semejante mensaje, cuando no solían informarles de nada. Piniés conjeturó lo siguiente:

Se me ocurre pensar que quieren informarnos de que sólo es una operación localizada con lo que tratan de advertirnos que no pongamos en funcionamiento el mecanismo para la utilización de las bases.

Castiella hizo despertar a Franco, que estaba en el Azor. Después de darle las explicaciones y las suposiciones, "las bases y su utilización pasaron al mando directo del Jefe del Estado", según le dijo luego Castiella.

Mientras tanto, Piniés, que estaba solo con otro diplomático español, Manuel García Miranda, llamó a la Misión de EEUU en la ONU. No había más que un empleado que atendía las llamadas telefónicas. El español dijo que tenía que hablar urgentísimamente con un funcionario de guardia, dio su teléfono y comenzó a dictar un telegrama para Madrid.

Ni la OTAN ni la CIA se habían enterado

En unos minutos llamó el subsecretario general para asuntos de la Asamblea de la ONU, Bill Buffum, al que Piniés le explicó la visita de Issraelyan. El norteamericano se puso en movimiento: telefoneó a los Ministerios de Defensa y Estado en Washington, donde no sabían nada de la Operación Danubio. Pasados otros pocos minutos, Buffum le dijo a Piniés que el embajador de la URSS en EEUU, Anatoli Dobrynin, se estaba trasladando a la Casa Blanca con un mensaje urgente de Moscú para el presidente Johnson.

Ni la OTAN, ni la CIA, ni los demás servicios de inteligencia de Occidente se habían enterado de que lo que estaba ocurriendo desde hacía unas horas en uno de los puntos caliente del globo ese verano de Guerra Fría: unos comandos soviéticos habían aterrizado en el aeropuerto de Praga, lo habían tomado y lo habían abierto a las fuerzas invasoras.

En sus memorias, Dobrynin cuenta que le sorprendió que Johnson no reaccionara a la noticia que le había llevado. Piniés remacha: "¡Como que ya lo sabía!"... gracias a los españoles.

El otro país avisado por Issraelyan fue Panamá, debido al canal que une el Pacífico y el Atlántico. Se lo dijo a Piniés el embajador de la república centroamericana, porque Buffum se había negado a revelárselo, aunque éste le reconoció que estaba al tanto de esa visita porque Issraelyan estaba vigilado.

El panameño Dídimo Ríos le dijo a Piniés que Issraelyan se había colado en su despacho, aunque él había tratado de cerrarle la puerta en las narices. Repitió lo hecho en la misión española: tradujo al inglés el documento, pidió que lo transmitiese a su Gobierno y se marchó. La diligencia de Issraelyan no sirvió de nada, porque Ríos no hizo nada: "Esas noticias no se dan al Gobierno a esas horas".

Pese a la fama que tenemos, los españoles trabajamos más de lo que se dice.

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