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El abanderado de la República que se sublevó en 1936

A Mohino le devoró el dragón que había contribuido a liberar en 1931.

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Un dicho popular advierte de que se tenga cuidado con lo que se pide al Altísimo porque lo puede conceder. Y resulta que es verdad.

La II República creó muchos arrepentidos. Por ejemplo, los intelectuales que porfiaron por su advenimiento y en 1936 se unieron al bando nacional: Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala… Pero el más evidente es, sin duda, el general José Sanjurjo, director general de la Guardia Civil en abril de 1931.

En unas horas, Sanjurjo "proclamó virtualmente la República", como subraya el socialista Gabriel Mario de Coca. El 13 de abril por la tarde mandó un telegrama a todos los jefes de tercios de la Guardia Civil en que les ordenaba que no se opusieran a "la justa manifestación del triunfo republicano que pueda surgir del Ejército y del pueblo"; el texto fue conocido por el PSOE porque los funcionarios de Correos traicionaron su juramento al descifrarlo y revelar su contenido. Al día siguiente por la mañana, Sanjurjo se presentó en la casa de Miguel Maura, uno de los conspiradores más conocidos, y se puso a sus órdenes. Cabe suponer el entusiasmo de los republicanos y los socialistas: los defensores de la Monarquía se les pasaban.

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