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Pedro Fernández Barbadillo

El 'pecado' del Marqués de Comillas, ¿esclavista o charnego?

La extrema izquierda que controla el Ayuntamiento de Barcelona no va a permitir que la verdad le estropee un día de pachanga.

Pedro Fernández Barbadillo
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La extrema izquierda que controla el Ayuntamiento de Barcelona no va a permitir que la verdad le estropee un día de pachanga.
Wikipedia-JosepBC

Ya sabemos que cada vez que Amancio Ortega cobra los dividendos que le corresponden por sus acciones de Inditex o hace una donación millonaria recibe los insultos de la izquierda. A principios de mes, una figura parecida a la de Ortega, Antonio López del Piélago (1817-1883), primer marqués de Comillas, también fue afrentada cuando se retiró su estatua de la Vía Layetana de Barcelona.

Y es que el odio de la izquierda española no conoce final. Tanto a sus enemigos políticos (sobre todo si la derrotaron, caso de Franco) como a quienes le disgustan por su modo de vida, sean monjas o empresarios.

La aprobación de la Ley de Memoria Histórica en 2007 aceleró el movimiento izquierdista para eliminar del espacio público todo aquel nombre o acontecimiento que no encaje en su sectaria visión histórica y que ya había comenzado con los primeros ayuntamientos democráticos (1979). De esta campaña de la guerra cultural, la derecha española está ausente.

El 4 de marzo, el Ayuntamiento de Barcelona, presidido por Ada Colau, retiró la estatua de López. La alcaldesa considera, en cambio, que merece ser honrado el pistolero Salvador Puig Antich, abandonado en 1974 por toda la izquierda y el catalanismo.

El cuñado envidioso

La justificación de la retirada ha sido el rumor de que Antonio López hizo su fortuna con el tráfico de esclavos, rumor creado por un cuñado, Francisco Bru, resentido y envidioso. ¡En ocasiones la vida imita a los chistes!

La historiadora María del Mar Arnús negó (La Vanguardia, 4-3-2018) semejante la leyenda negra:

Tras revolver archivos y consultar a historiadores ingleses, catalanes y cubanos, comprobé que no existía ningún documento serio que avalase esa tesis. Tan sólo encontré unos libelos publicados por su propio cuñado, Francisco Bru, preñados de envidia y resentimiento, que evidenciaban las sospechas que provoca toda persona que acumula mucha riqueza y poder en tan corto periodo de tiempo. En la Cuba de hoy se respetan los monumentos de los esclavistas catalanes, que los hubo. Pero allí a López se le reconoce como liberador de esclavos y promotor de la escuela moderna.

¡Pero qué más da! La extrema izquierda que controla el Ayuntamiento de Barcelona no va a permitir que la verdad le estropee un día de pachanga.

El odio a los López y García

Si a Colau, al argentino Pisarello y los demás concejales morados les conmoviese la vinculación de antiguas familias catalanas con el tráfico de esclavos, deberían consultar el libro Negreros y esclavos. Barcelona y la esclavitud atlántica, donde aparecen, por ejemplo, varios antepasados de Artur Mas, y desmontar gran parte de Barcelona.

Si la izquierda barcelonesa quiere honrar a quienes persiguieron la esclavitud, que coloque en el pedestal que ocupaba la estatua del Marqués de Comillas otra dedicada a la reina Isabel la Católica, que prohibió a Cristóbal Colón y a todos sus súbditos hacer esclavos entre los indios.

Entonces, si no se trata de un auto de fe por el esclavismo, quizás la inquina contra el Marqués de Comillas se deba a su doble López. Ya escribió Pío Baroja sobre los vanidosos nacionalistas vascos que para ellos

el maqueto es un García o un López, pero un García o un López pobre y desastrado, porque si este García o este López es rico y tiene un título, entonces ya no es un maqueto, y el naviero rico o el comerciante bilbaíno le dará su hija para que sea la señora marquesa o la señora condesa y brille en Madrid.

Público como es el componente racista del catalanismo, no sorprendería que la aversión a Antonio López fuera, no por negrero, sino por charnego… y, encima, monárquico y empresario.

Enloquecida por su sectarismo (y por su ignorancia), la izquierda cumple el sueño de muchos figurones que, en el siglo XIX, detestaban a López, tal como explicó uno de sus descendientes, José Joaquín Güell y de Ampuero:

Una trayectoria literalmente subversiva en un país anquilosado: profanó la nobleza, con su marquesado, su grandeza y los veraneos de Alfonso XII en su casa de Comillas; reventó en la práctica, con la compra de inmensos latifundios, el régimen feudal de propiedad que la ley de supresión del mayorazgo había abolido en teoría; fundó empresas multinacionales con sede en Barcelona que trascendieron las fronteras del imperio agonizante; modernizó, en fin, la jerarquía de la iglesia con su patrocinio de la futura Universidad Pontificia de Comillas.

De la miseria a la Grandeza de España

La vida de don Antonio se anunciaba negra y triste. Nacido en una familia hidalga de la Montaña, la muerte del padre les acercó a él, a sus hermanos y a su madre a la pobreza. De niño tuvo que marchar a Lebrija (Sevilla) para emplearse en un comercio. Luego pasó a Cuba y en 1844 apareció en el censo de comerciantes de Santiago. Pero su audacia y su inteligencia triunfaron.

En noviembre de 1848 se casó en Barcelona con Luisa Bru Lassús, cuyo padre financió sus proyectos empresariales. López estableció un servicio de transporte marítimo entre Santiago y Guantánamo, para el que usó el primer vapor de hélice de la marina mercante española. En 1855 se instaló en Barcelona, donde ya residían su mujer y sus cuatro hijos.

Sus primeros proyectos empresariales consistieron en una línea marítima entre Cádiz y Marsella. En 1861 recibió el contrato oficial para el transporte del correo y de militares entre Cuba, Puerto Rico y la Península. En 1863 participó en la fundación de un banco, el Crédito Mercantil, del que pronto fue el primer accionista. El banco financió el tendido de una vía férrea entre las capitales de provincia catalanas y Zaragoza. Cuando esta empresa la absorbió la principal compañía ferroviaria española, Norte, López se convirtió en su vicepresidente.

Fue uno de los grandes apoyos a la restauración de Alfonso XII, después del caos del Sexenio Revolucionario. Suscribió un empréstito con el Gobierno de Cánovas, fundó otro banco, el Hispano Colonial, y volvió a obtener el contrato de transporte del correo y de tropas entre la Península y las Antillas.

En 1878 el rey le concedió el Marquesado de Comillas y financió la publicación de La Atlántida, el poema de Jacinto Verdaguer, capellán de la familia. El Banco Hispano Colonial sirvió de matriz para la fundación del mayor grupo empresarial español del siglo XIX: la aseguradora La Previsión, la Compañía General de Tabacos de Filipinas, la Sociedad Hullera Española, la Compañía Transatlántica, que fue la mayor naviera española hasta después de la Primera Guerra Mundial…

En Comillas, López acogió a Alfonso XII los veranos de 1881 y 1882. En esta pequeña villa montañesa se celebró hasta un Consejo de Ministros. Y el marqués aceptó construir un seminario mayor para los jesuitas, hoy sin clero, debido a la decadencia de esta orden. Falleció en enero de 1883, cuando el rey había añadido a su marquesado la Grandeza de España.

El catalanismo de hoy, peor que el PNV de Arana

El PNV de la última década del siglo XIX también rechazaba a los empresarios, aunque tuviesen los ocho apellidos vascos. Cuando falleció el ingeniero vizcaíno Víctor Chávarri (1856-1900), cuya actividad abarcó la siderurgia, el ferrocarril, la minería y la marina, Sabino Arana, diputado en la Diputación Provincial, declaró: "Vizcaya se felicita porque ha desaparecido de su seno su más cruel enemigo". Después de que al PNV se incorporase el naviero Ramón de la Sota, las veleidades rurales y luditas desaparecieron del partido abertzale.

En una muestra de la degradación del catalanismo, que nació entre la burguesía barcelonesa, éste ya considera a los empresarios sus enemigos. Como si los anarquistas fueran quienes elaborasen su discurso, que es lo que está ocurriendo.

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