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Si algún preso adoleciere en la cárcel...

Los tribunales de la Inquisición se caracterizaron por un garantismo muy superior al que podía hallarse en los tribunales ordinarios.

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'Auto de fe de la Inquisición', de Goya | Archivo

En un alarde de imaginación, Andreu Van den Eynde, abogado de Junqueras y Romeva, no dudó, hace apenas un mes, en denunciar en su recurso la supuesta falta de neutralidad del juez Llarena, conductor de un proceso que, a su interesado juicio, se caracteriza por el uso de "fórmulas propias del sistema inquisitivo". Nada nuevo bajo el sol negrolegendario que, en gran medida, nutre el discurso de las sectas catalanistas, empeñadas en presentar a España como un país autoritario e insoluble en las benditas aguas democráticas de Europa. Es altamente improbable que Llarena se deje amedrentar por tan burda acusación, que, en cierto modo, no es sino un halago, pues, sépalo o no don Andreu, los tribunales de la Inquisición se caracterizaron por un garantismo muy superior al que podía hallarse en los tribunales ordinarios que coexistieron con el destinado a inquirir sobre la fe, que no otra cosa era el Santo Oficio, institución común a todos los españoles, incluyendo, por lo tanto, a los ancestros de quienes pagan, con dinero propio o ajeno, su minuta.

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