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Jesús Laínz

Execración de Azaña

Azaña fue un hombre acomplejado, frustrado, cercano al suicidio en sus años jóvenes, y un escritor resentido por carecer de lectores.

Jesús Laínz
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Azaña fue un hombre acomplejado, frustrado, cercano al suicidio en sus años jóvenes, y un escritor resentido por carecer de lectores.
Manuel Azaña | EFE

"Los vencidos ganaron humanamente la guerra", ha declarado Pedro Sánchez ante la tumba de Azaña. Discutible opinión, sobre todo teniendo en cuenta los ríos de sangre en los que se ahogaron las simpatías de muchos países que deberían haber prestado su apoyo al Gobierno republicano. Empezando por una Francia y una Gran Bretaña que no tardaron en comprender que no se encontraban ante un régimen democrático equivalente a los suyos, sino ante una revolución bolchevique equivalente a la rusa.

Pero de lo que no cabe duda es de que la ganaron propagandísticamente. Y no sólo en España desde 1975, sino en todo el mundo desde 1945. Pues la presencia de Stalin entre los vencedores de aquel año impidió que el comunismo tuviese su Núremberg y bendijo todo lo que había tocado, incluido el bando republicano español, mientras quedaba contaminado todo lo que hubiesen tocado los vencidos, incluido el bando nacional español. Injusto maniqueísmo, cierto, pero así son las injustas cosas de la injusta política. Y por eso, casi un siglo después, Pedro Sánchez ha podido, según sus propias palabras, "rendir homenaje a aquella democracia española que fue derrotada por la tiranía".

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