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Las mudanzas del Congreso (y 3): hasta llegar a la Carrera de San Jerónimo

La inauguración del actual y definitivo Palacio de las Cortes tuvo lugar el 31 de Octubre de 1850.

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Antes de sucumbir al embate de los Cien Mil Hijos de San Luis en 1823, el Gobierno liberal huido de Madrid había procurado ponerse a salvo en Sevilla; y allí, el 23 de abril, comenzaron a sesionar las Cortes en la Iglesia de San Hermenegildo, frente a la actual Plaza de la Concordia. Templo de un antiguo colegio jesuita, su apariencia exterior no delata, a las primeras, un edificio religioso, y tras la expulsión de la Compañía se lo había destinado ciertamente a las funciones más diversas: fue hospicio, cárcel, reñidero de gallos, cuartel de artillería, y aún debía convertirse, además de en Congreso, en efímero teatro de ópera y en sede del Parlamento de Andalucía entre 1985 y 1992. Puesto que el asedio francés obligó a los liberales a abandonar Sevilla y seguir a Cádiz, la representación nacional retornó en junio (del 23) a su sede de 1811, el Oratorio de San Felipe Neri. Pero en septiembre se reunían por última vez las Cortes extraordinarias, y el 7 de noviembre paseaban a Riego arrastrado en un serón hasta la Plaza de la Cebada, donde le ahorcaron. El Trienio liberal, simbolizado en aquel héroe de gloria tan breve, había terminado.

Con la muerte de Fernando VII, el constitucionalismo había de volver a España bajo la fórmula del Estatuto Real (1834), copiado de la Charte francesa de Luis XVIII, cuyo propósito era templar al máximo el principio de la soberanía popular. Para impedir cualquier exceso democrático –es decir, revolucionario–, se postulaba el ideal del gobierno mixto y se introducía en España el modelo bicameral. La Cámara Baja, llamada Estamento de Procuradores, se alojó en el edificio que ocupaba el actual solar del Congreso en la madrileña Carrera de San Jerónimo: el Convento del Espíritu Santo. La Cámara Alta, llamada Estamento de Próceres, se instaló provisionalmente en el Casón del Buen Retiro, donde la viuda de Fernando VII presidió la apertura de la legislatura. La Gobernadora (cuya estatua, obra de Benlliure, se alza todavía allí cerca) se había casado morganáticamente con el guardia de corps Agustín Muñoz, y tuvo que vestir ropas anchas en aquella solemnidad para disimular que esperaba un hijo; de lo que se comentaba jocosamente en los mentideros de Madrid que la reina estaba "casada en secreto y embarazada en público". La elección del Casón, que no se había usado nunca para aquel propósito, evitaba deliberadamente la impresión de que aquellas Cortes renovaban alguna de las experiencias constitucionales anteriores; pero, así y todo, en 1835 la Cámara Alta se mudó al convento de doña María de Aragón, que había alojado a las Cortes unicamerales en 1814 y durante el Trienio, y que desde entonces quedó consagrado como Palacio del Senado (durante la dictadura franquista sería sede del Consejo Nacional del Movimiento).

El Convento del Espíritu Santo, de padres clérigos menores, había sido fundado en 1594. En 1816, el arquitecto Manuel de la Peña y Padura había modernizado su fachada, levantando una portada de orden jónico entre dos torres coronadas por chapiteles típicamente madrileños; pero unos años más tarde, en 1823, mientras oía misa allí el Duque de Angulema (jefe de la expedición de los Cien Mil Hijos de San Luis), se desató un devastador incendio que arruinó el edificio. Los frailes tuvieron que trasladarse y el inmueble quedó vacío, hasta que una comisión designada al efecto lo recomendó para albergar a los procuradores previstos en el Estatuto Real. Con el incendio habían caído las torres de Manuel de la Peña, y en su lugar se había erigido una fachada modesta, de gusto neoclásico, guardada ya por dos leones sobre pedestales. Con ello se había procurado disimular los estragos del fuego, pero en 1841 debió declararse el estado ruinoso del inmueble y los procuradores se trasladaron al Teatro Real o de Oriente, que desde 1818 se edificaba donde había estado el viejo Teatro de los Caños del Peral. Allí, en el salón de baile, se celebraron los plenos hasta 1850, cuando no sólo acabaron las obras del propio teatro, sino las del edificio proyectado para sede de las Cortes tras la demolición, al efecto, del Convento del Espíritu Santo. Esta comenzó el 21 de marzo de 1842.

Las Cortes de aquel año aprobaron la edificación de una sede para albergar la representación nacional, y el 10 de octubre de 1843 Isabel II puso la primera piedra del edificio. La Academia de San Fernando convocó un concurso al que se presentaron catorce proyectos, resultando seleccionado el del valenciano Narciso Pascual y Colomer, que se transformaría de inmediato en el arquitecto de moda, contratado, por ejemplo, por el magnate José de Salamanca para la construcción del famoso palacio de Recoletos que hoy es sede de la Fundación BBVA. Algunas personas consideraron una decisión poco acertada levantar el Congreso sobre el solar del Convento del Espíritu Santo: por su notable pendiente, en primer lugar, y por la poca amplitud del espacio, que en efecto obligaría a hacer sucesivas ampliaciones a partir de 1980. La inauguración del actual y definitivo Palacio de las Cortes tuvo lugar el 31 de octubre de 1850.

Xavier Reyes Matheus, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos.

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