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Francia, Rusia. Dos ideas políticas

Putin y Macron tienen poco que ver. Los une, eso sí, una consideración original de sus propios países y una conciencia reforzada de un significado propio, algo parecido a una vocación.

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Macron y Putin | EFE

En una conversación que Marcel Gauchet mantuvo con Emmanuel Macron antes de llegar este a la Presidencia, el pensador sostuvo una paradoja. La sociedad francesa es capaz, como pocas, de articular con brillantez análisis, o diagnósticos, de su propia realidad, pero luego no consigue llevar a la práctica la reflexión.

La observación de Gauchet no iba sin intención, porque ya por entonces –y mucho antes– Macron se perfilaba como el candidato ideal para acabar con esta singularidad francesa. Macron, efectivamente, y a diferencia de todos sus predecesores, incluidos Mitterrand y Pompidou, autor de una antología de la poesía de su país, tiene una trayectoria intelectual propia y original. No consiguió entrar en la École Normale Supérieure, semillero de las elites políticas francesas, aunque pasó por otras grandes escuelas, estudios que compatibilizó con los de Filosofía en Nanterre, la universidad de la contestación antiautoritaria sesentayochista. Fue allí donde conoció a Paul Ricoeur, del que se proclamaría discípulo habiendo contribuido a la edición de su monumental La memoria, la historia, el olvido. Así fue como se integró en la redacción de la revista Esprit, de inspiración cristiana, donde publicó uno de sus textos más conocidos, y más interesantes, titulado "Les labyrinthes du politique" ("Los laberintos de lo político").

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