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Del liberalismo al repliegue identitario

La forma de comprender la identidad judía es inseparable de la forma en la que Occidente se comprende a sí mismo.

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Portada del libro | Pre-Textos

Uno de los ensayos más luminosos de este nuevo libro de Rosa María Rodríguez Magda analiza la evolución de la posición del judaísmo en Occidente. Aunque parezca obvio, conviene repetir una premisa: sin el judaísmo, lo que llamamos Occidente –hoy democracias liberales– no existiría como lo conocemos. Eso sí, cuando Occidente era fuerte, los judíos fueron muchas veces considerados una comunidad extraña, incluso hostil: hostil a los nuevos Estados-nación, a la tradición cristiana occidental o al surgimiento del nacionalismo, a finales del siglo XIX (aunque está por ver si en este último caso Occidente se sentía fuerte). Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando una parte del pensamiento occidental se esfuerza por integrar el Holocausto en su historia y su identidad, los judíos son considerados víctimas, pero más tarde, al haber sido reivindicado como una clave de Occidente, los judíos pasan a ser tan culpables como este, un Occidente eurocéntrico, capitalista, colonialista y (neo)liberal… Al final, Israel se convierte en la perfecta figuración del Mal, ya sea porque representa la esencia misma de lo occidental o bien –esto lo añado yo– porque los judíos encarnan de nuevo la representación del cosmopolitismo que amenaza, supuestamente, la identidad de Occidente.

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