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Daniel Rodríguez Herrera

Lo llaman discriminación y no lo es

La realidad nos enseña que las disparidades son la norma, no la excepción que debe ser explicada, y que están causadas por razones muy distintas a la genética o la discriminación.

Daniel Rodríguez Herrera
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La realidad nos enseña que las disparidades son la norma, no la excepción que debe ser explicada, y que están causadas por razones muy distintas a la genética o la discriminación.
Portada de 'Discrimination & Disparities' | Basic Books

–Pocos saben que empezaste siendo marxista. ¿Qué te hizo abandonar la izquierda?
–La realidad.

A la temprana edad de 87 años y tras jubilarse del columnismo, Thomas Sowell ha publicado un nuevo libro dedicado al asunto sobre el que más ha escrito a lo largo de su larga carrera. Discrimination and Disparities está dedicado a separar los hechos de los argumentos ideológicos a la moda en lo referente a la discriminación, especialmente la discriminación racial. Sowell siempre ha luchado contra la idea de que el racismo es la causa por la que los negros en Estados Unidos siguen siendo una minoría pobre, líder en familias rotas y delincuencia. Negro y nacido en el Sur en plena Gran Depresión, tras sufrir a lo largo de su vida las trampas de la pobreza de las que se supone no se puede escapar, ha dedicado buena parte de su carrera a analizar estos asuntos y descartar tanto las explicaciones de la izquierda (las diferencias entre razas son debidas a la discriminación) como las de la extrema derecha (la causa es genética).

Este pequeño libro es perfecto para iniciarse en la forma en que Sowell analiza estos asuntos, y debería ser bastante para entender que la realidad nos enseña que las disparidades son la norma, no la excepción que debe ser explicada, y que están causadas por razones muy distintas a la genética o la discriminación. Pero al lector más interesado también le puede servir de punto de partida para profundizar en el tema con libros anteriores como Discriminación positiva en todo el mundo o la trilogía de las culturas, desgraciadamente no traducida.

Tener más o menos éxito en la vida depende de muchas cosas, algunas de las cuales pueden ser obvias –por muy buenas cualidades que tengas, si eres analfabeto vas mal– y otras no tanto: los estudios indican que ser hijo único o el mayor de tus hermanos es una gran ventaja en tu desarrollo intelectual. Las estadísticas de cociente intelectual así lo indican, así como anécdotas como que 22 de los 29 astronautas del programa Apollo recibieran en sus primeros años la atención completa de sus padres. Es una disparidad que no tiene razones genéticas y que no puede justificarse por ninguna discriminación social. Esto no quiere decir que esas razones no puedan existir y ser importantes, pero sí demuestra que no pueden ser toda la explicación y que no podemos dar por sentado que una disparidad es necesariamente causada por la discriminación.

¿Y qué es discriminación? Se trata de una palabra a la que distintas personas, o incluso una misma persona en momentos y contextos distintos, asigna significados distintos. Así que Sowell diferencia entre la discriminación individual y específica que hacemos todos en nuestra vida cotidiana, optando por un vino o por otro, o decidiendo que tal o cual persona la queremos como amigo o pareja o lo más lejos posible, con el tipo de discriminación que se intenta impedir mediante leyes y constituciones: dar un trato desigual basado en distinciones arbitrarias en función del sexo o la raza de una persona, no de sus características personales únicas e irrepetibles.

Sin embargo, Sowell recuerda que tratar a todo el mundo como individuos no sale gratis: también tiene costes; si notas que tienes a alguien detrás mientras caminas por una calle solitaria de noche, ¿vas a tratar a esa persona como individuo? No puedes, no tienes tiempo. Así que si es una mujer seguramente te sientas aliviado, dado que es mucho menos probable que te vaya a hacer daño. Es injusto: la inmensa mayoría de los hombres tampoco lo harán. Pero lo hacemos porque no tenemos la capacidad de juzgar individualmente a todo el mundo todo el tiempo. Y existe una diferencia esencial respecto a la discriminación: no es arbitrario ni implica que tengamos ninguna animosidad contra el grupo que discriminamos: en este ejemplo también los hombres nos sentimos aliviados y no nos odiamos a nosotros mismos necesariamente.

De aquí en adelante, la mayor parte del libro está dedicada a separar discriminaciones basadas en la realidad de las que son puramente arbitrarias, y a evaluar qué efecto tienen o pueden tener en las disparidades de resultados, principalmente entre razas. Es el punto fuerte de Sowell, tanto en sus poderosos razonamientos como en los extraordinarios ejemplos que siempre encuentra para demostrar sus tesis. Pero también ahí reside su principal debilidad. Es un libro magnífico para quienes no le han leído, o le han leído poco. Pero, conociéndole a fondo, según seguía su razonamiento pensaba: "Aquí va a hablar de cómo los empresarios blancos de Sudáfrica contrataban negros pese al apartheid". Y eso hacía. Y cuando explica cómo las instituciones más protegidas frente al mercado son las que pueden permitirse el lujo de discriminar sabía que hablaría de los monopolios telefónicos y las universidades en Estados Unidos. Y efectivamente.

Eso no quita que sea, quizá, el mejor libro que ha escrito Sowell para iniciarse en sus teorías sobre la discriminación, la raza y las culturas. Los lectores a quienes el tema les apasione, seguramente lo mejor que pueden hacer es pasar directamente a la monumental trilogía formada por Race and Culture, Migrations and Cultures y Conquest and Cultures. A quienes les interese, pero tampoco tanto como para dedicarle tanto tiempo de lectura, posiblemente este Discrimination and Disparities sea la mejor inversión que pueden hacer entre la amplísima oferta que a lo largo de décadas de trabajo nos ha dejado su autor sobre estos temas.

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