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Iván Vélez

'Nudo España'

Coincidente con las manifestaciones de los golpistas y sus aliados, para Iglesias, la salida a la crisis vivida en Cataluña debe ser política.

Coincidente con las manifestaciones de los golpistas y sus aliados, para Iglesias, la salida a la crisis vivida en Cataluña debe ser política.
Pablo Iglesias entrevista a Enric Juliana | Imagen de TV

"Exiliados", "presos políticos", "plurinacionalidad". Todos estos conceptos aparecen en la larga conversación mantenida por Enric Juliana y Pablo Iglesias Turrión que ha dado forma a un reciente libro, titulado Nudo España (Ed. Arpa, Barcelona, 2018). En citada la obra, la calculada mesura de Juliana, editorialista simultáneo, maestro de la dosificación, contrasta con la circunspecta profundidad de Iglesias. Con un fugaz prólogo fechado en septiembre de 2018, las páginas de Nudo España sirven para repasar cuestiones tan dispares como las posibles consecuencias de un futuro cargado de robótica o el análisis de la situación política de América Latina, nunca Hispanoamérica. Sin embargo, y en consonancia con su título, la cuestión nacional, o quizá sería más ajustado decir la cuestión plurinacional, es la que ocupa la mayor parte del diálogo entre dos hombres pertenecientes a generaciones y ambientes ideológicos diferentes, que no pueden evitar reconstruir parcialmente sus biografías y desvelar sus fuentes formativas.

Dado el relevante papel que desempeña en el actual panorama político, esa cogobernanza de la que ha hecho gala, las palabras de Iglesias merecen más atención que las de su admirado Juliana. Gracias a ellas, conocemos sus principales referencias ideológicas –los partidos comunistas español e italiano, los movimientos bolivarianos–, pero también el maniqueísmo que subyace bajo un discurso al que se esfuerza por incorporar matices. Sin mayores aclaraciones, el nunca suficientemente comprendido líder no deja de dividir el espectro político en dos bloques: la "derecha" y a la "izquierda". Tal simplificación le lleva, por ejemplo, a declarar que "la extrema derecha reaccionaria está asumiendo sin complejos elementos que en el pasado eran extraños a la derecha, como que el proteccionismo o la protección social puedan formar parte de su oferta electoral". La sentencia, referida a una derecha siempre tendente al extremo, ignora que esos grupos, a los que convendría despojar de etiquetas para señalarlos deícticamente, cifran gran parte de su éxito en promesas sociales semejantes a las de la Doctrina Social de la Iglesia, institución sobre la que también se pronuncia, disculpe el lector la obligada redundancia, Iglesias. En efecto, don Pablo no duda en incluir entre sus personajes favoritos al papa Francisco, miembro del destacado grupo que recibe las bendiciones del socio prioritario de Pedro Sánchez. Junto a Jorge Mario Bergoglio, Miguel Ángel Moratinos, Zapatero, el periodista orgánico Jordi Évole, Jaume Roures y Almudena Grandes figuran en un exclusivo plantel. Frente a ellos emergen Albert Rivera y Ciudadanos, a los que Iglesias cita y ataca obsesivamente. Reconstruido el retablo de personajes distinguidos, el político madrileño confiesa cuál es el verdadero origen de Podemos. Para decepción de los entusiastas que creyeron en la ilusión circular que orbitó alrededor del 15-M, el secretario general de Podemos afirma que la formación morada "no surge de la sociedad civil, sino de la televisión".

Hijo de sus días, Nudo España aborda temas de nuestro presente y de un futuro casi inmediato. Por ejemplo, el ligado a la probable superjornada electoral del 26 de mayo, condicionada, probablemente, por el desarrollo del juicio al que han de enfrentarse los golpistas catalanes, realidad que incomoda a Iglesias, molesto con lo que califica como "la voluntad de algunos jueces y fiscales que representa el Estado profundo". Incómodo con aquella legalidad que garantice la soberanía de la nación española, se lamenta ante "un exceso de judicialización". Coincidente con las manifestaciones de los golpistas y sus aliados, para Iglesias, la salida a la crisis vivida en Cataluña debe ser política. Consecuentemente, los jueces deben inhibirse de juzgar los delitos en los que pudieran haber incurrido aquellos a quienes apoyan los lazis.

Antes de acometer el último tramo de la conversación, Iglesias hace una atractiva reflexión a propósito de la relación de España con Europa, cuando sostiene que "es una crisis de carácter "orteguiano": España sería un problema en sí, en España los conflictos se traducirían sistemáticamente en guerras civiles y en la ausencia de un proyecto de país compartido, mientras que Europa sería la solución a todos nuestros problemas. Las siempre cabalgables contradicciones aparecen inmediatamente después, pues Iglesias se reviste de veladuras negrolegendarias para dolerse de que en España no hubiera reforma protestante y de que el sufragio censitario tuviera "una aparición tardía", adjetivo muy caro para su maestro Villacañas. A pesar de su crítica hacia Europa, Iglesias asume plenamente uno de los principales subproductos de la Ilustración. Como si de un Montesquieu redivivo se tratara, el nuevo vecino de Galapagar llega a mentar a Turquía para hablar de una España autoritaria.

Aunque el libro se titula Nudo España, la España de la que se trata en el mismo apenas se adentra en el tiempo anterior a la II República. Iglesias trata de bucear en los tiempos de la I República para, a despecho de las críticas lanzadas en su día por Engels, buscar la justificación a su proyecto federalista, en el caso de que sea ese, pues en ningún momento queda explicitado, el futuro que ha diseñado quien impúdicamente nos muestra sus numerosos aciertos analíticos, en contraposición con la habitual torpeza del resto del espectro partitocrático español. Y es que Iglesias, fideísta de una idea plurinacional de España, insiste una y otra vez en presentar a Cataluña y a España –¿acaso una España residual?– como dos sociedades políticas completamente diferentes. Sin aclarar qué atributos convierten a la región catalana en una nación, Iglesias llega a reconocer que la propia Cataluña también es plurinacional, pues en ella existe "un sentimiento nacional español", hoy articulado por Ciudadanos.

El mismo Iglesias capaz de diagnosticar los errores cometidos por el PCE, al afirmar que su historia fue la de un "autoengaño", consistente en creer que el franquismo estaba siempre a punto de caer, y que las masas campesinas y obreras tan sólo necesitaban de un empujón para hacer la evolución siempre pendiente, esgrime un argumento meramente sentimental, y termina por aferrarse al tópico: la Cataluña dinámica frente a la fría e inmóvil Castilla. Marcado por la flagrante petición de principio emboscada bajo la fórmula derecho a decidir, concluye Nudo España. Fundamentalista democrático modélico, al menos en lo referido a las aspiraciones de las facciones separatistas catalanas, Iglesias hurta al lector el modo por el cual conseguiría la salida –"tanto monta cortar como desatar", sostiene el nudoso lema de los Reyes Católicos– y posterior regreso de Cataluña a una España para la que, se supone, ha diseñado alguna estructura. Al cabo, la seducción personal, incluso la suya, tiene sus límites.

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