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José María Marco

La posibilidad del nihilismo

Reaccionario y nihilista… A ver cómo la narrativa y la prosa de Houellebecq siguen en el filo de esta navaja.

José María Marco
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Reaccionario y nihilista… A ver cómo la narrativa y la prosa de Houellebecq siguen en el filo de esta navaja.

La última novela de Michel Houellebecq, Serotonina, arranca en España, más precisamente en una zona querida por el autor, Almería. El protagonista se llama Florent-Claude Labrouste, un nombre un poco excéntrico pero no del todo inadecuado para el hijo de un notario de provincias, como dicen los franceses. Labrouste no ha tenido mejor ocurrencia que comprarse un apartamento en un resort nudista. Evidentemente, se encamina derecho a la depresión. Aún peor es la llegada de su amante, una japonesa obsesionada por el sexo y la pornografía. Sólo un encuentro con dos chicas jóvenes en una gasolinera, otro escenario predilecto del autor, le anima un poco. Les atribuye sin gran motivo la cualidad de "indignadas". ("¿Será indignada la hembra del indignado?", se pregunta, de lo que se deduce que la redacción de Serotonina tuvo lugar en la era de la antigua indignación). También cabe un elogio de Franco, al que el protagonista y narrador atribuye un carácter visionario. En vez de lanzar a su país a una industrialización tardía, Franco apostó por la economía de servicios y el turismo. Por eso, es decir gracias a Franco, España es un país más habitable.

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