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Amando de Miguel

Nostalgia de la Barcelona de Federico

En el mausoleo que se erija a Federico en su Teruel de nación quedará grabado este escueto epitafio: "Despertó envidias".

Amando de Miguel
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En el mausoleo que se erija a Federico en su Teruel de nación quedará grabado este escueto epitafio: "Despertó envidias".
La Esfera de los Libros | LD

Por una suerte de capricho estocástico no me fue posible (y bien que lo sentí) asistir a la presentación del libro de Federico Jiménez Losantos sobre sus trepidantes memorias barceloninas. Resultó que, al mismo tiempo, tenía yo que presentar otro libro a muchas cuadras de distancia. No sé qué tiene el Diablo Cojuelo madrileño que obliga a celebrar los eventos culturales los jueves por la tarde y sin que se nos sea otorgado el don de la bilocación.

No sé muy bien qué tiene Barcelona que incita a los escribidores en ella empadronados a cultivar el género memorialista. Quizá sea porque en la capital catalana hay un no sé qué de vida privada, de delectación con lo íntimo, que se atenúa mucho, por ejemplo, en el Madrid cortesano. Pongo por caso a dos egregios escritores, Carlos Barral y Salvador Pániker, autores de sendos dietarios testimoniales. Con ambos personajes mantuve una fecunda relación, pues fueron mis editores, entre otros. Ambos representan muy bien el ambiente de los letraheridos de la Barcelona que fue en los amenes del franquismo. Yo también perpetré una especie de diario íntimo en la Cárcel Modelo de Barcelona. Es claro lo sano que resultó en su día residir por algún tiempo en Barcelona para desarrollar el oficio de escribir. Que se lo digan a Vargas Llosa o a García Márquez. Bueno, se trata de la Barcelona añorada, ahora aprovincianada con ramplonería republicana.

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