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Carmen G. Teixeira

Voces de mujeres de ayer y de hoy

Hoy casi no se oye la voz de Lidia Falcón, entre el ruido y la furia de las jóvenes airadas que han tomado las riendas del feminismo desde una posición de punto cero, como si nada hubiera sucedido antes de que ellas llegaran para salvarnos.

Hoy casi no se oye la voz de Lidia Falcón, entre el ruido y la furia de las jóvenes airadas que han tomado las riendas del feminismo desde una posición de punto cero, como si nada hubiera sucedido antes de que ellas llegaran para salvarnos.

Resulta difícil escapar, incluso en condiciones propicias, a la realidad de este confinamiento que transcurre con el telón de fondo de muertes encadenadas que nos son servidas a lo largo del día. Tiempo para el jardín, tiempo para pensar, leer y rememorar.

Hoy, un libro me lleva a ese avispero en el que se ha convertido la causa de las mujeres. Los libros viven su vida, en una aparente quietud, en las estanterías. No nos engañemos, rebosan vitalidad, no solo por lo que dicen. Interactúan con nosotros, sin cesar. Les gusta jugar: desaparecen cuando los buscamos, se asoman por sorpresa los olvidados. Acuden en nuestra ayuda en la oscuridad del insomnio, haciéndonos señales de luz, "diamants qui brillent dans la nuit". Reclaman con justicia y razón su sitio en los debates sociales.

Hace unos días trataba de encontrar en el estudio un encargo de libros de mi hijo. De pronto la vi, La vida arrebatada de Lidia Falcón, con boina y sonriendo en la portada. Me quedé mirándola un momento, el suficiente para recordar cómo me había impactado su lectura en 2003, al tiempo que leía en su media sonrisa: "Vamos, di algo, te toca".

Fundadora del Partido Feminista, legalmente reconocido en 1979, sigue siendo su presidenta a los 85 años. Licenciada en Derecho, Arte Dramático y Periodismo, doctora en Filosofía, ha publicado 35 libros. La vida arrebatada (Anagrama, 2003) es una obra capital para conocer nuestra historia inmediata. Tiene además un doble valor: es también el testimonio de una persona marcada por su condición femenina, las dificultades económicas y los prejuicios sexistas. Una lucha sin descanso. En ese libro se han reconocido las mujeres de la generación de Falcón y las que teníamos entre 20 y 30 años en la Transición. Sin embargo, hoy casi no se oye su voz, entre el ruido y la furia de las jóvenes airadas que han tomado las riendas del feminismo desde una posición de punto cero, como si nada hubiera sucedido antes de que ellas llegaran para salvarnos.

¿Lidia Falcón?, me pregunté con el libro en las manos. ¿Qué ha sido de ella?, ¿dónde estaba en el debate previo al 8 de marzo?

El País publicó este titular el 25 de febrero: "IU llega al 8-M sin el Partido Feminista, expulsado por sus posiciones sobre las personas transgénero". No es solo la cuestión de las personas trans lo que separa a Lidia Falcón del feminismo oficial. En una entrevista concedida a elespañol.com, firmada por Carmen Serna, 6 de marzo, muestra la distancia que las separa. Escuchémosla. Lo que más le duele a esta histórica de la lucha feminista es que "por fin haya un Ministerio de Igualdad y pase esto". "No tienen preparación, están muy verdes y no piden ayuda". Para Falcón, la Ley de Libertades Sexuales es "un bodrio inaceptable". "Me parecen muy arrogantes. Pueden ser ignorantes, porque nadie nace enseñado, pero tienes que ser humilde y saber a quién consultar. A mí ni siquiera me ha querido hablar la ministra". "Han sustituido el feminismo, tanto en su teoría como en su práctica, por la teoría queer y no puede ser". "La lucha ha sido muy dura para las generaciones anteriores y para mí, y hay que tener respeto por ello también. Este es un país banal, una sociedad del espectáculo. Todo es frívolo y una fiesta"...

Otras voces feministas se manifestaron contra la ley de Podemos, entre ellas Amelia Valcárcel, filósofa (1950), y Alicia Miyares (1963), también filósofa y alumna de la anterior: "Las feministas no aceptaremos que se reconozca la identidad de género" (El Mundo, sábado 7 de febrero).

Por hoy, no voy a extender más este debate. El objetivo de prestar este espacio para hacer oír la voz de Lidia Falcón está cumplido. Ella, que tantos años lleva instalada en una estantería del estudio de esta casa. Pero, como tiene mucho que decir, le propongo una nueva cita para cuando salgamos del confinamiento, en el jardín, junto al árbol del amor, con otra invitada de honor, otra filósofa, también presente entre los libros de mi habitación: Elisabeth Badinter. Supongo que se conocen. Si no es así, su mejor carta de presentación son dos títulos de sus libros: Fausse route (Hombres/mujeres. Cómo salir del camino equivocado), L'un est l'autre (El uno es el otro).

Termino con una demanda a la ministra de Igualdad, que ya nos ha anunciado otras leyes en camino, entre ellas la de los Cuidados. Se lo ruego: no elimine de su texto dos de las palabras más hermosas que tenemos: padre y madre. Somos mucho más que progenitores, ese palabro que introdujeron ustedes cuando llegaron y que se extiende sutilmente.


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