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Rainer Zitelmann

El pensamiento económico de Hitler: contra la propiedad privada y a favor de la nacionalización

¿Qué pensaba Hitler de la propiedad privada y las nacionalizaciones de empresas?

¿Qué pensaba Hitler de la propiedad privada y las nacionalizaciones de empresas?
Adolf Hitler. | Cordon Press

¿Qué pensaba Hitler de la propiedad privada y las nacionalizaciones de empresas? A priori, podríamos dar por buena la explicación generalmente aceptada, según la cual el líder nazi reconoció la propiedad privada de los medios de producción y rechazó la nacionalización. Pero dejar las cosas así, como generalmente se hace, supone incurrir en un análisis demasiado superficial de las cosas.

En mi nuevo libro, Hitler y el nacional-socialismo, que saldrá próximamente a la venta en España, he estudiado a fondo el pensamiento económico, social y político del dictador. Partiendo de fuentes originales, he podido comprobar que la respuesta a la pregunta que nos ocupa no es la que se ha tendido a aceptar.

Ya en 1941 el economista y sociólogo Friedrich Pollock, cofundador del Instituto de Investigación Social de Frankfurt, que luego se convirtió en el núcleo de la Escuela de Frankfurt, señaló:

Se ha mantenido la institución legal de la propiedad privada, pero ¿significa esto que su función se ha mantenido inalterada? Creo que esto requiere un análisis cauteloso porque, en la práctica, se observa una destrucción clara de todos los rasgos esenciales de la propiedad privada.

Así,

incluso a las empresas más poderosas se les negó el derecho de establecer nuevas líneas de negocio en áreas donde se esperaban obtener mayores ganancias, como tampoco se les permitió interrumpir la producción en campos que habían dejado de ser rentables. Estas decisiones quedaron enteramente en manos del Gobierno. Las decisiones del sector público empezaron a guiar la dirección del proceso productivo. Ante esta situación, esgrimir un título de propiedad se torna impotente, más aún si hablamos de accionistas minoritarios.

Como sabemos, el método de Hitler rara vez consistió simplemente en eliminar radicalmente una institución u organización, sino que más bien se centró en continuar erosionando su esencia hasta vaciarla por completo. Lo vemos en la Constitución del III Reich, que en esencia era la de la República de Weimar, puesto que la ley fundamental nunca fue derogada. Al régimen le bastaba con erosionar paso a paso sus ingredientes centrales, conduciendo a su abolición de facto.

En sus primeros discursos, Hitler abogó por la nacionalización de la tierra pero, en principio, aún se manifestaba a favor de la propiedad privada. Como se desprende claramente de las notas que tomaba Otto Wagener, la posición escéptica de Hitler sobre la nacionalización puede explicarse a partir de sus convicciones socio-darwinistas. Wagener, quien dirigió el Departamento de Política Económica del NSDAP desde comienzos de enero de 1931 hasta junio de 1932 y fue el máximo asesor de política económica del III Reich, anotó que Hitler había declarado lo siguiente en 1930:

Sobre este tema, todo el concepto de nacionalización, en la forma en que se ha intentado y exigido hasta ahora, me parece erróneo (…) Tenemos que introducir mecanismos de selección si queremos llegar a una solución natural, saludable y también satisfactoria del problema.

Aún admitiendo la necesidad de la competencia, Hitler fue acotando su margen de actuación. Por ejemplo, afirmó con frecuencia y de manera enfática que la disposición de la propiedad no era, de ninguna manera, un asunto privado que cada industrial podía decidir por su parte. El 9 de octubre de 1934 proclamó:

La riqueza privada no solo acarrea la posibilidad de disfrute, también implica nuevas obligaciones. Sostener que la forma en que se usa una fortuna, sin importar su tamaño, es una cuestión privada que cada individuo puede decidir es un grave error que debe corregirse bajo el Estado nacional-socialista, porque, sin la contribución de la comunidad nacional, ningún individuo habría podido alcanzar tal riqueza y tal ventaja.

Para Hitler, el mantenimiento formal de la propiedad privada no era lo importante. Cuando el Estado tiene el derecho irrestricto de determinar las decisiones que toman los propietarios de los medios de producción, entonces la institución legal formal de la propiedad ya no significa mucho. Esto es lo que dice Pollock cuando plantea que se produjo la "destrucción de todos los rasgos esenciales de la propiedad privada". En el momento en que los propietarios de los medios de producción ya no pueden decidir libremente sobre el contenido, el momento y el tamaño de sus activos e inversiones se han abolido las características esenciales de la propiedad privada, por mucho que subsista la garantía formal de la propiedad privada.

En una de sus charlas privadas, el 3 de septiembre de 1942, Hitler dijo que la tierra era "una propiedad nacional que, al final, solo puede ser del individuo como una forma de préstamo". Hitler sólo reconoce la propiedad privada "en la medida en que se utilice según el principio de poner el beneficio común por delante del beneficio privado", es decir, que solo puede admitirse si se desarrolla en el marco de los objetivos marcados por el Estado.

El principio de "poner el beneficio común por delante del beneficio privado" significa que, si es necesario, el Estado tiene derecho a decidir sobre la forma, el alcance y el tiempo en que se utiliza la propiedad privada. Además, el interés común queda definido por el Estado nacional-socialista, de modo que la propiedad tiene su destino ligado a los designios del poder político.

En mayo de 1937, Hitler hizo estas declaraciones:

Yo le digo a la industria alemana, por ejemplo, "tienes que producir tal y tal cosa, ahora". Luego vuelvo a decir algo así en el Plan a cuatro años. Así debemos funcionar. Si la industria alemana me responde de forma negativa, entonces seré claro: "Muy bien, yo me haré cargo". Pero si hay que hacer algo, se hará. Por eso, si la industria me dice, " de acuerdo," pues yo entonces me quedo muy contento por no tener que asumir esa carga.

Que estas declaraciones de Hitler no eran amenazas vacías fue algo que quedó meridianamente claro en torno al 23 de julio de 1937, cuando Göring anunció una compañía pública dedicada a asumir labores de extracción de minerales y fundición de hierro. El proceso finalmente condujo a la creación de la Reichswerke Hermann Göring, que en 1940 empleaba a 600.000 personas.

La planta de dicha empresa pública en Salzgitter se convirtió, de hecho, en la más grande de Europa. Con esto, el Estado nacional-socialista había demostrado que su tan proclamada "primacía de la política sobre la economía" era algo serio. Quedaba claro, además, que Hitler no dudaría en desarrollar empresas controladas por el Estado en aquellas áreas donde la industria privada se resistiese a la ejecución de las directrices estatales.

Con motivo de una conversación, el 14 de febrero de 1942, con Joseph Goebbels, el líder nazi tocó el tema del aumento de la producción, expresándose en estos términos:

Todo el proceso de producción tiene que ser reexaminado, y los empresarios de la industria que no quieran someterse a las directivas que emitamos tendrán que perder sus fábricas, sin importar si esto los lleva a arruinarse económicamente.

El modelo de Hitler: Stalin y su economía planificada

Los nacional-socialistas tenían la intención de expandir el alcance de la economía planificada en el periodo posterior a la guerra, como se desprende de muchos de los comentarios de Hitler. De hecho, el líder nazi admiraba cada vez más el sistema económico soviético.

"Si Stalin tuviese por delante otros diez o quince años", dijo Hitler en una reunión de un pequeño grupo en agosto de 1942, "la Rusia soviética se convertirá en la nación más poderosa del mundo, ostentando ese liderazgo por 150, 200 o 300 años. ¡Es un fenómeno tan único! Que el nivel general de vida ha aumentado en Rusia es algo de lo que no puede haber duda. El pueblo ya no sufre por el hambre. Tomando todo en su conjunto, tenemos que decir: ‘Construyeron fábricas donde hace dos años no había más que pueblos olvidados, levantaron industrias que son tan grandes como las nuestras…’. Es admirable".

En otra ocasión, también en conversación con su círculo más íntimo, Hitler dijo que Stalin era un "genio" por quien había que tener un "respeto incondicional", sobre todo teniendo en cuenta su "planificación económica integral". Hitler decía no tener duda de que en la Rusia soviética, a diferencia de en países capitalistas como Estados Unidos, "nunca ha habido desempleo".

En varias ocasiones, el dictador mencionó a sus colaboradores cercanos que era necesario nacionalizar las grandes sociedades privadas, la industria energética y las demás ramas de la economía que se dedicaban a producir "materias primas esenciales" como, por ejemplo, la industria del hierro. Por supuesto, la guerra no era el contexto adecuado para implementar nacionalizaciones y medidas radicales.

Hitler y los nacional-socialistas eran muy conscientes de esto y, por supuesto, habían hecho todo lo posible para disipar los temores a una nacionalización que albergaba la comunidad empresarial del país. En tiempos de guerra, era preciso evitar esa incertidumbre. Así, en un memorando del jefe de las SS, Heinrich Himmler, con fecha de octubre de 1942, se afirmaba: "Durante la guerra no será posible un cambio fundamental de la economía capitalista de Alemania". Cualquiera que "luchara" contra esto tendría justificada una "cacería de brujas" contra sí mismo.

En un informe preparado por un Hauptsturmführer de las SS en julio de 1944, se explican las actividades comerciales de las SS afirmando que cuestionar esa actividad de empresarialidad pública

solo puede ser planteado de forma específica por círculos que piensan puramente en términos de capitalismo y que no quieren ver el desarrollo de empresas que son públicas, o al menos de carácter público. La época del sistema liberal de negocios exigía la primacía de los negocios, es decir, el poner primero los negocios y luego, el Estado. Frente a esto, el nacional-socialismo toma una posición clara: el Estado dirige la economía, el Estado no está ahí para los negocios, los negocios están ahí para el Estado.

Mises: "Socialismo con apariencia exterior de capitalismo"

Así era como Hitler y los nacional-socialistas entendían la esencia misma del sistema económico. Astutos observadores, como el economista Ludwig von Mises, lo tuvieron claro entonces, aunque su voz solo fue valorada con el paso del tiempo. Pollock, anteriormente citado, era de izquierdas, pero alcanzaba esas mismas conclusiones, aunque desde postulados distintos.

El 18 de junio de 1942, Mises escribió una carta al director del New York Times en la que mostró que entendía la naturaleza económica del nacional-socialismo de forma mucho más clara que sus contemporáneos:

El modelo alemán de socialismo (zwangswirtschaft) se caracteriza por el hecho de que mantienen algunas instituciones del capitalismo, pero solo de forma nominal. El trabajo, por supuesto, ya no es una "mercancía", porque la libertad en el mercado laboral ha sido abolido solemnemente. Así, el Gobierno fija los salarios y asigna a cada trabajador el lugar donde debe trabajar. La propiedad privada ha permanecido nominalmente intacta, pero los antiguos empresarios han sido reducidos a la condición de gerentes del plan económico del III Reich (betriebsführer). El régimen les dice qué y cómo producir, a qué precios deben vender, a quién deben comprar, etc. Las empresas pueden protestar contra las medidas cautelares inoportunas, pero la decisión final recae en las autoridades (…) El intercambio de mercado y el espíritu empresarial son, por lo tanto, una institución que solo sobrevive como una farsa. El Gobierno, no las demandas de los consumidores, dirige la producción. El Gobierno, no el mercado, fija los ingresos y gastos de cada individuo. Esto es socialismo, con apariencia exterior de capitalismo, pero con un profundo elemento de planificación integral y de control total de las actividades económicas por parte del régimen. Se conservan algunas de las etiquetas de la economía de mercado capitalista, pero significan algo completamente diferente de lo que verdaderamente suponen en una economía de mercado genuina.

Como sabemos por las declaraciones de Hitler una vez que terminó la guerra, se quiso impulsar en todo momento el desarrollo hacia una economía dirigida por el Estado. En sus charlas con su círculo íntimo del 27 y 28 de julio de 1941, Hitler declara: "Un empleo sensato de los poderes de la nación solo se puede alcanzar con una economía planificada desde arriba". Unas dos semanas después afirmó:

En lo que respecta a la planificación de la economía, todavía estamos al principio del camino y me imagino que será maravillosamente bueno construir un orden económico alemán y europeo que gire en torno a este concepto.

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