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Nacionalismo y populismo. El independentismo no nacionalista de Podemos

Podemos hereda la aversión a la forma política de la nación española, una aversión que ha pasado a formar parte de una cierta psicología española.

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EFE

Entre los componentes menos citados del populismo está el nacionalismo. En nuestro país se empezó a comprender hace tiempo el nacionalismo como una variante del populismo. (Se tardó demasiado porque el nacionalismo en nuestro país siempre tiene buena prensa). En cambio, no se ha intentado aclarar con la debida precisión cómo y por qué el nacionalismo es uno de los elementos más relevantes del populismo, hasta el punto de que resulta difícil entender este sin la presencia de aquel.

En contra de lo que se suele escuchar en ambientes académicos y políticos, el nacionalismo no es una forma exasperada de patriotismo, como una lealtad hacia el propio país particularmente intensa que suscitaría problemas e inconvenientes de los que una versión más suave de ese mismo nacionalismo quedaría exenta. La realidad es distinta. Es cierto que el patriotismo, es decir la lealtad hacia el propio país y el amor hacia este, se prestan a ser manipulados por el nacionalismo, pero el nacionalismo tiene su objetivo propio y específico, que es la construcción de una comunidad política caracterizada por que todos sus componentes comparten rasgos culturales (antes llamados étnicos o raciales), morales (el antiguo carácter) y virtudes o valores propios, ajenos a cualquier humanismo o universalidad, que el régimen político debe reflejar si no quiere distorsionar o falsificar el pueblo sobre el que se sustenta y que es, en cierto modo, el alma al que ese régimen da cuerpo.

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