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Mikel Buesa

Rosell, los empresarios y la independencia

Para muchos, lo esencial es no significarse, pasar inadvertidos o, en su caso, mostrarse equidistantes.

Mikel Buesa
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Para muchos, lo esencial es no significarse, pasar inadvertidos o, en su caso, mostrarse equidistantes.
Juan Rosell | Europa Press

En esta vorágine de acontecimientos que se ha desatado en la fase final de la independencia de Cataluña, la actitud de Juan Rosell, más allá de un microescándalo inicial, ha quedado enterrada bajo las montañas de información que todos los días nos abruman. Y sin embargo, sus declaraciones a la cadena SER constituyen el ejemplo paradigmático de ese nadar y guardar la ropa –por decirlo suavemente y no aludir a una radical cobardía– que caracteriza a la mayor parte de los empresarios y de sus organizaciones cuando, inevitablemente, han de enfrentarse al hecho nacionalista y a la radicalidad independentista de quienes practican tal doctrina en las regiones españolas. Porque al final lo que está en juego con el separatismo no es otra cosa que un drástico cambio institucional que modifica las reglas de los negocios y que amenaza con llevar a la ruina a quienes no sepan o no puedan sacar tajada de la secesión.

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