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Destruir España para construir Cataluña y los efectos del pujolismo

La mayoría de los independentistas reconoce que Pujol puso la primera piedra y construyó todas las estructura de Estado que requerían los nacionalistas para dar un golpe de Estado con posibilidades de éxito.

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Jordi Pujol y Marta Ferrusola, en una imagen de archivo I Cordon Press

Jordi Pujol tiene motivos para estar satisfecho. Un amplio sector de la sociedad catalana responde mecánicamente a los dictados establecidos durante sus 23 años de gobierno, de 1980 a 2003. El férreo control de escuelas, medios, cátedras, púlpitos, y hasta de los clubes de petanca, y la inoculación de un nacionalismo visceral y supremacista convertido en fe incuestionable para el resto de los partidos, encerrados en una sacrosanta transversalidad catalanista, han calado hasta los huesos en la mitad de la sociedad catalana dispuesta a inmolarse en el desquiciado empeño republicano al que ha sido arrastrada por una clase política enfangada hasta la nariz en un cenagal de corrupción; aquel oasis catalán regido por el Español del Año que se decía el representante ordinario del Estado en Cataluña.

En medio de la más absoluta impunidad, Pujol logró sucesos tan inverosímiles como que los líderes sindicales cambiaran La Internacional por Els Segadors e impuso a izquierda y derecha cultos y ritos que competían con el franquismo en materia de adhesiones inquebrantables y principios fundamentales. Lo contaminó todo, desde los jardines de infancia a las residencias de ancianos, de los medios a las cátedras, y aplicó el tortuoso experimento sociológico de la inmersión lingüística con un pulso y una firmeza que para sí hubiera querido el mismo Franco. Toda disidencia frente a la exterminación del español y el discurso del odio a España fue erradicada. El idioma propio catalán era un leve peaje a cambio de las grandes posibilidades que se abrían a quien adoptara los usos de la selecta tribu que con tanta precisión ha descrito Boadellaen un reciente artículo en El Mundo. Hay asimilados que pese a las restricciones por causa de origen han llegado a importantes desempeños. Ahí están el diputado Rufián o el líder de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), Jordi Sànchez i Picanyol, pero son excepciones.

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