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Emilio Campmany

Información y propaganda

En esta mal llamada 'sociedad de la información' hemos alcanzado la falsa convicción de que internet nos permite estar mucho mejor informados de lo que lo estábamos antes.

Emilio Campmany
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En esta mal llamada 'sociedad de la información' hemos alcanzado la falsa convicción de que internet nos permite estar mucho mejor informados de lo que lo estábamos antes.

El 8 de abril de 1875, el Die Post de Berlín publicó un artículo del periodista Constantin Rössler que se titulaba: "¿Guerra a la vista?". La pieza estaba inspirada por el canciller Bismarck y tenía por objeto advertir a Francia contra toda pretensión de recuperar las recientemente perdidas Alsacia y Lorena (guerra franco-prusiana). El 31 de diciembre de 1972, Scotty Reston publicó un artículo en el New York Times donde, hablando de los llamados Bombardeos de Navidad (la operación Linebaker II), que acababan de ser suspendidos, explicaba cómo Kissinger se había opuesto a ellos, pero prefería no enfrentarse abiertamente a Nixon. Es prodigioso cómo Kissinger, estando esencialmente de acuerdo en casi todo con el presidente, supo utilizar a la prensa para vender una imagen de él contrapuesta a la de su jefe. El 21 de diciembre de este año, Theresa May y el recientemente nombrado primer ministro de Polonia, Mateusz Morawiecki, han firmado un tratado de cooperación militar que incluye el compromiso británico de financiar una cadena de televisión patrocinada por el Gobierno polaco en Bielorrusia.

Hay miles de ejemplos de cómo los Gobiernos emplean a los periodistas para la mejor consecución de sus fines. No necesariamente se trata de extender la mentira, sino que a veces basta con dar mayor circulación a parte de la verdad. La difusión, supuestamente impulsada desde el Kremlin, de los emails de Hillary Clinton lastró irremediablemente y quién sabe si decisivamente su campaña electoral, pero ninguno de los revelados era falso. La campaña de propaganda de la Generalidad de Cataluña con ocasión de la actuación policial durante la celebración ilegal del referéndum del 1 de octubre es sin embargo un claro ejemplo de propagación, no sólo de medias verdades, también de burdas simulaciones, cuando no de abiertas mentiras. Para qué hablar de la campaña de propaganda desencadenada a raíz del 11-M y que tuvo como objeto evitar la probable victoria del PP en las elecciones de marzo de 2004.

Y, sin embargo, en esta mal llamada sociedad de la información hemos alcanzado la falsa convicción de que internet nos permite estar mucho mejor informados de lo que lo estábamos antes. No es así. En internet la propaganda, los bulos y los libelos circulan con mucha más facilidad que antes. Pero hay una pregunta terrible que hacerse. En el imperio de la Red, ¿somos las víctimas de la propaganda y la desinformación totalmente inocentes? No lo parece. El exceso de noticias nos permite escoger las que más nos gustan sin preocuparnos mucho acerca de su veracidad. De la misma manera que antes cada cual escogía el medio más afín para informarse, ahora el destinatario de la información tiende a buscarla donde cree que será más conforme con sus deseos, prescindiendo a veces de toda garantía de veracidad. La diferencia es que antes los medios tenían, en mayor o menor medida, un cierto compromiso con la verdad. Ahora internet permite a algunos prescindir completamente de él. Consentir ser víctima de la desinformación a sabiendas es un error que de una u otra forma cometemos todos. Pero no deberíamos olvidar que lo que nos hace libres no son las ideas, sino la verdad.

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