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Domingo Soriano

Cadena perpetua, estadística y demagogia

La cadena perpetua, que es lo que yo defiendo, es justa con o sin portadas en los periódicos, con o sin asesinatos diarios, con o sin el Chicle.

Domingo Soriano
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Domingo Soriano - Cadena perpetua, estadística y demagogia
El parricida de Moraña, primer condenado a prisión permanente revisable | EFE

Los anteriores son los cuatro elementos fundamentales que determinan la severidad del castigo que se impone sobre aquellos que cometen un crimen. Creo que el lamentable debate, lleno de demagogia a ambos lados del pasillo, al que hemos asistido en las últimas semanas en España acerca de la Prisión Permanente Revisable (PPR) tiene su origen, en parte, en la obsesión de todos los implicados en centrarse en los tres primeros, cuando es el cuarto el que más importancia debería tener en el diseño de cualquier sistema normativo. Los otros tres no son más que añadidos, casi los definiría como externalidades positivas, que deben celebrarse si se consiguen, pero que nunca deben ocultar la verdadera naturaleza punitiva de un código penal.

Así, creo que se equivocan muchos defensores de la PPR, que han utilizado algunos de los mediáticos crímenes de los últimos años para su argumentación. Como si hiciera falta recordar los detalles de los asesinatos de Marta del Castillo, Diana Quer o Gabriel Cruz para justificar tal pena. Y no, no es necesario. Es más, tengo para mí que es contraproducente. Porque la PPR (o la cadena perpetua, que es lo que yo defiendo) es justa con o sin portadas en los periódicos, con o sin asesinatos diarios, con o sin el Chicle.

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