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Los asiáticos se hartan por fin

Esta exitosa minoría se está hartando del injustificado y ruinoso sistema que da preferencia a colectivos como el negro y el hispano.

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Campus de la Universidad de Harvard | Pixabay/CC/MonicaVolpin

Toda la visión posmoderna que ha sustituido al conocimiento en las universidades norteamericanas y en las redacciones periodísticas se basa en contemplar la sociedad como una lucha entre opresores y oprimidos, entre hombres y mujeres, entre heterosexuales y homosexuales, entre cisgénero y transexuales, entre blancos y minorías raciales. Cada persona es reducida a un desglose de sus identidades grupales, con el hombre blanco heterosexual como campeón de la opresión y la Academia discutiendo si una mujer negra heterosexual está más o menos oprimida que un hombre transexual blanco.

De todos los problemas con la realidad que tiene esta visión, posiblemente el más claro y evidente sea el evidenciado por la minoría asiática en Estados Unidos. Según la teoría, al haber sido obviamente una minoría discriminada y oprimida –sólo hay que recordar cómo se trataba a los chinos que trabajaron en la construcción del ferrocarril, o el internamiento en campos de concentración de los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial–, y dado el racismo institucional de la mayoría blanca, es imposible que prosperen por sí mismos si no es mediante la destrucción del sistema. Pero resulta que los asiáticos están mejor que los blancos según casi todos los baremos que se usan para demostrar que los negros están discriminados. Están sobrerrepresentados en las mejores universidades y en las empresas tecnológicas, tienen menos mortalidad infantil, les conceden hipotecas con más facilidad, entran menos en prisión. Y si los dividimos –como debería ser la norma– en grupos más pequeños y coherentes, algunas minorías más concretas, como la japonesa, tienen mayor renta per cápita.

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