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Jesús Laínz

Cordones totalitarios

El cordón sanitario en torno a Vox ha necesitado muy poco tiempo para batir récords de unanimidad, extensión y solidez.

Jesús Laínz
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Jesús Laínz - Cordones totalitarios

Cuarenta y cinco años después de la muerte de Franco, las vírgenes vestales de la diosa Democracia a veces aúllan de indignación y a veces se mueren de risa cuando recuerdan que los dirigentes franquistas consideraban malos españoles a sus opositores. En moderno politiqués: cuando recuerdan que los franquistas establecieron un cordón sanitario para censurar a quienes no compartieran los principios básicos del régimen.

Grave error, el de los franquistas, ciertamente, porque ser un buen o un mal español, igual que un buen o un mal francés, o un buen o un mal inglés, no depende de las opiniones políticas de cada cual. Pero, al fin y al cabo, no hay que olvidar que aquél fue un régimen no democrático surgido de una guerra civil, por lo que no es del todo incomprensible que los vencedores se considerasen en un plano superior a los vencidos, al igual que con cualquier otra guerra en cualquier otro lugar del mundo en cualquier época de la historia. Y no se me ponga usted mojigato, democratísimo lector, que le veo venir. Acéptelo: la fuerza de las armas ha sido –y, nos guste o no, seguirá siéndolo– la principal fuente de legitimidad política desde que el mundo es mundo.

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