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Las banderas de Fuenterrabía

A los niños vascos se les lava el cerebro en el colegio, y a los adultos desde la radio y televisión, con la patraña de que su tierra está invadida.

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El frontón Jostaldi, antes y después de la retirada de banderas nacionales | Jesús Pérez

Hondarribia, la bella localidad fronteriza guipuzcoana que, al menos desde el siglo XII, fue conocida en toda Europa como Fuenterrabía, albergó el pasado mes de enero la sexagésimocuarta Exposición Nacional de la Paloma Mensajera, organizada por la Real Federación Española Colombófila. El amplio local, el frontón municipal Jostaldi, estaba adornado con banderas españolas, como parece natural para un acto de una asociación de ámbito nacional. Pero el alcalde peneuvista Txomin Sagarzazu ordenó en el último momento que la alergénica rojigualda fuera sustituida por la bicrucífera diseñada por Sabino Arana. A nadie debería sorprender la noticia. Es más: lo sorprendente es que haya sido noticia, pues esto es lo que pasa todos los días en todos los rincones del País Vasco desde hace muchas décadas.

Desde muy pequeñitos, a los niños vascos se les lava el cerebro en el colegio, y a los adultos desde las emisoras de radio y televisión, con la alucinante patraña de que su tierra está invadida por España. Para confirmar la veracidad de la mentira, las únicas banderas rojigualdas que se ven son las de esos lugares rodeados por alambradas, vigilados por cámaras y con las persianas bajadas, de los que todo el mundo se aleja y a los que todos miran con recelo: los cuarteles de la Guardia Civil. Y otros establecimientos parecidos de la potencia ocupante.

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