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Amando de Miguel

Ciudadanos: petulancia, polisemia y politiquería

Dado que se acoge al grupo de los partidos liberales europeos, bien podría llamarse Partido Liberal Español.

Amando de Miguel
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Dado que se acoge al grupo de los partidos liberales europeos, bien podría llamarse Partido Liberal Español.
EFE

Impresiona la escultura de Rodin Ciudadanos de Calais, de carácter coral, sin peana, para indicar que aquellos honrados y rebeldes burgueses se muestran con los pies en la tierra y muy solidarios entre ellos. Podría haber sido el símbolo de Ciudadanos, si ese partido hubiera seguido fiel a sus orígenes. En efecto, no olvidemos que Ciudadanos nació para ser el adalid contra la oligarquía separatista catalana, en vista de que el PP era cada vez más tibio respecto al terrorismo y las otras excrecencias nacionalistas. Paradójicamente, en esa acción se le ha adelantado el último aliado fallido, Manuel Valls, quien, por otra parte, no se sabe de qué pie cojea. Por ejemplo, el eximio afrancesado odia visceralmente a Vox, cuando ese partido se distingue todavía más por su rechazo del separatismo. Los de Ciudadanos se distinguen por ese mismo odio, que nadie sabe de qué proviene.

En política, como en el resto de la vida de relación, el resentimiento de uno suele enconarse especialmente respecto a otro que se siente próximo. Este es el caso de Ciudadanos en el juicio (o prejuicio) que hace de Vox. No hay mayor despecho que el temor de ser desplazado por el que se sitúa al lado de uno. No sería difícil demostrar que muchos votantes de Vox lo fueron antes de Ciudadanos o del PP.

El marbete de Ciudadanos (y no digamos si se escribe así: "C´s") fue un acierto cuando significaba una sola cosa. Pero resulta que la palabra acumula ahora distintos significados. Para empezar, ¿sólo son ciudadanos los de Ciudadanos? Parece una pretensión excesiva.

Ciudadanos es voz polisémica sin remedio, lo que en principio no es malo, pues ese rasgo es una característica de las palabras basales de una lengua culta. Pero en el caso de adentrarnos en el dominio (ahora dicen "ámbito") de la política, la mezcolanza de significados puede resultar harto despistante.

Ciudadanos son, naturalmente, los habitantes de un país, con más propiedad que los de una ciudad, a los que sería mejor llamar vecinos. Muchas veces se intercambian esas dos categorías, lo que puede provocar una cierta confusión. En la práctica actual a veces se dice "ciudadanos" para referirse a los votantes o seguidores y simpatizantes de un partido, lo que empieza a ser un abuso de la polisemia.

En la jerga de la ciencia política, ciudadanos indica la cualidad de poseer ciertos derechos democráticos, como oposición a los súbditos, esto es, los que viven bajo un régimen absolutista o autoritario.

Vista la extrema polisemia de la palabreja, sería mejor que Ciudadanos adoptara una denominación más convencional. Dado que se acoge al grupo de los partidos liberales europeos, bien podría titularse Partido Liberal Español. El problema es que en su origen fue más bien de tendencia socialdemócrata, lo cual haría que su filiación más lógica fuera la de acercarse al PSOE. Pero, una vez más, los cercanos se odian, y de modo particular Rivera y Sánchez. Rivera pretende ser el líder de la oposición de Sánchez, una especie de zar de todas las Rusias. Pero en el fondo más sensato se sitúa Casado, heredero del liderazgo de la oposición que corresponde ahora al PP. Los tres se distinguen por su afición al uniforme azulenco.

Sea cual fuere la denominación, los líderes de C´s deberían hacer honor a su nombre y no manifestar tantos gestos desabridos respecto a sus parientes de Vox. En efecto, ambos se proponen ser la auténtica y renovadora derecha que supere la flojedad del PP ante las estupideces de la llamada "memoria histórica" o las veleidades de los secesionistas.

Claro que es igual lo que yo diga, mísero de mí. Lo gerifaltes de Cs seguirán poniendo mala cara cuando hablan, sin hablar, de Vox. Respiran por la herida.

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