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Mikel Buesa

Textos a gogó

Más le valdría a Celaá recordar que perorar no es gobernar: hay que mojarse, tomar decisiones y ejercer las competencias que tiene el Estado.

Mikel Buesa
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Más le valdría a Celaá recordar que perorar no es gobernar: hay que mojarse, tomar decisiones y ejercer las competencias que tiene el Estado.
La ministra de Educación en funciones, Isabel Celaá | EFE

Ya se ve que el mercado de los libros escolares ya no es lo que era y que el negocio editorial se resiente. Antes –o sea, cuando lo de la ley de Villar Palasí y la EGB– bastaba con tener un buen contacto en el Ministerio de Educación y estaba todo hecho, con los suculentos beneficios que se derivaban de un mercado homogéneo, de una natalidad en auge y un sistema educativo en expansión. Que había corruptelas, pues seguramente sí, según dicen los avezados del sector cuando se refieren a esos que empezaron con una editorial modesta y acabaron teniendo un grupo de comunicación multimedia. Pero todo iba como la seda, gobernara Franco, Suárez, Calvo Sotelo o González. No es como lo que vino después, cuando lo de la Logse, con su ESO, y la descentralización. De lo primero hay que culpar al PSOE, cuando gobernaba Felipe González, y de lo segundo al PP, cuando José María Aznar se convirtió en el adalid del autonomismo y repartió las competencias educativas por todas partes. Entonces llegó, poco a poco, la descojonación, como diría Luis Ciges en su papel de Segundo, el criado de los Marqueses de Leguineche, con la fragmentación del mercado en diecisiete taifas –algunas tan pequeñas que echan por el suelo las economías de escala– y la proliferación de competidores –que constriñen las ganancias–.

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