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Amando de Miguel

La silueta de los partidos nacionales

Vox cultiva la rara virtud del patriotismo. PP se fundamenta en la tradición. Cs resalta la libertad. PSOE predica la igualdad. Unidas Podemos se basa en el resentimiento.

Amando de Miguel
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Vox cultiva la rara virtud del patriotismo. PP se fundamenta en la tradición. Cs resalta la libertad. PSOE predica la igualdad. Unidas Podemos se basa en el resentimiento.
Partidos políticos

La floresta de los partidos políticos en España es tan frondosa que por fuerza debemos tratar de ordenarla un poco. Bastará considerar los cinco nacionales: Vox, PP, Ciudadanos, PSOE y Unidas Podemos. Los demás, una docena de ellos, son más bien grupos de presión, pues no se proponen representar a todos los españoles. Aunque pueda parecer inverosímil, hay partidos que no se consideran españoles. España y yo somos así, señora.

En aras de la simplicidad empiezo por calificar a cada uno de ellos con una palabra descriptiva. Vox aparece como excitante, PP se muestra moderado, Ciudadanos quiere ser tolerante, PSOE resulta ser venenoso, Unidas Podemos acaba siendo vírico. Me apresuro a distinguir en sentido clásico entre veneno (droga que puede curar o ser dañina, pero mantiene un sabor agradable) y virus (pócima desagradable y tóxica).

Los respectivos líderes son muy distintos, acordes con la ideología respectiva y con una trayectoria biográfica que puede ser de su padre y de su madre. Abascal es el único que sabe sonreír sin afectación. Casado parece un predicador protestante. Rivera gesticula a la manera italiana. Sánchez perora con aire doctoral. Iglesias se presenta cejijunto y airado contra mundum. Cuesta trabajo imaginar que personalidades tan diversas puedan sentarse a dialogar fuera de las cámaras de la televisión.

Vox cultiva la rara virtud del patriotismo. PP se fundamenta en la tradición. Ciudadanos resalta la libertad. PSOE predica la igualdad. Unidas Podemos se basa en el resentimiento, aunque ostentosamente aparezca como un espíritu revolucionario o anticapitalista de guardarropía.

Ninguno de los cinco partidos puede conseguir la mayoría suficiente para formar Gobierno o, en todo caso, para llevar adelante las leyes conforme a sus respectivos programas. De ahí que se plateen ciertas posibles alianzas. Por ejemplo, Vox y PP podrían juntarse para formar un Gobierno moderado o conservador, pero entre ellos persiste el recelo natural que suele darse entre los parientes ante una próxima herencia. PP y Ciudadanos podrían enlazarse en un hipotético Gobierno centrista, pero sus respectivas huestes se repelen. Ideológicamente es más probable un Gobierno de concentración entre Ciudadanos y PSOE, pero sus líderes se odian. Sería más lógico un Gobierno de izquierdas o progresista entre PSOE y Unidas Podemos, pero ya lo intentaron y abortó. Cabría teóricamente una combinación, estadísticamente más sólida, entre PP y PSOE, pero no puede haber dos gallos en el mismo corral. Total, siento decirlo, habrá que convocar nuevas elecciones. Al doctor Sánchez le priva eso de ser "presidente en funciones". Equivale a lucir mucho, trabajar poco y escasa responsabilidad. Vamos, el ideal para un temperamento linfático como el suyo.

En cualquier país civilizado, los distintos partidos participan de una misma cultura política, por ejemplo, al defender todos ellos la misma bandera nacional. Pero en España somos diferentes, y eso sin llegar a los particularismos regionales. Vox es el único que se distingue por su amor a la bandera nacional, y lo hace de manera abrumadora, quizá como compensación del ambiente general. El PP de Casado se contenta con mostrar tímidamente la bandera española. Ciudadanos se muestra ambiguo; en sus actos flamean estudiadamente las banderas de España y de la Unión Europea. En los mítines del PSOE se agitan las banderas rojas del partido más alguna republicana. En las reuniones de Unidas Podemos predominan las banderas republicanas y otras de difícil adscripción para el observador profano. Cuesta trabajo hablar de los cinco partidos nacionales cuando no les une el símbolo común de la bandera de España.

Lo lógico sería agrupar los partidos nacionales en dos bloques: derechas e izquierdas. Aunque pueda parecer extraño, tal adscripción simbólica no resulta convincente. Vox es tildado por los demás como "de extrema derecha", aunque realmente se manifiesta en frente de todos los demás partidos. Los de Unidas Podemos son claramente de extrema izquierda, aunque ellos mismos se consideran más bien progresistas. No se entiende bien de qué progreso están hablando.

La clasificación más práctica es la que agrupa estos dos bloques: los partidos establecidos (PP y PSOE) y los partidos de nuevo cuño (Vox, Ciudadanos y Unidas Podemos). Obsérvese que estos últimos no llevan la palabra partido en sus respectivas denominaciones. La distinción que digo se acomoda bastante bien a la variable generacional por parte de los respectivos votantes. Las personas de edad (talludos y jubilados) se orientan más bien hacia los partidos establecidos, que son realmente conservadores, cada uno a su estilo. Los de nuevo cuño recogen las exigencias de las personas que se han desengañado de los partidos establecidos, bien por experiencia o por razonamiento. Visto así, no parece sensato concluir que en España continúa y se refuerza el sistema bipartidista.

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