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Mikel Buesa

El residuo vertical (franquista) del sindicalismo actual

En nuestro mundo democrático y de libertad, resulta que hay una excepción: la del sindicalismo.

Mikel Buesa
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En nuestro mundo democrático y de libertad, resulta que hay una excepción: la del sindicalismo.
El secretario general de CCOO, Unai Sordo, y el de UGT, Pepe Álvarez | Europa Press.

Las instituciones son persistentes y se alargan en el tiempo, a veces incluso durante siglos y milenios. Las que, en España, modelan el mercado de trabajo también reflejan esta dependencia, aunque su origen sólo se remonta a hace ocho décadas; es decir, al momento en el que Francisco Franco Bahamonde –entonces ya Generalísimo y Jefe del Estado– promulgó la que podríamos considerar como única ley genuinamente fascista de su larga trayectoria en el poder. Me refiero al Fuero del Trabajo –la primera de las leyes fundamentales que definieron el régimen político franquista, y que se inspiró en la Carta del Lavoro promulgada en Italia por el Gran Consejo Fascista en abril de 1927–, cuya publicación en el Boletín Oficial del Estado tuvo lugar el 10 de marzo de 1938, en plena guerra civil, mientras el general Solchaga ocupaba las ruinas de Belchite.

El lector se preguntará, tal vez, qué queda de aquello tras cuatro décadas de democracia, en las cuales el franquismo sociológico –y no digamos el político– ha quedado arrumbado, como por cierto reveló la notoria escasez de seguidores que tuvieron los restos de Franco en su periplo hasta el cementerio de El Pardo. La respuesta es sencilla: quedan residuos institucionales muy potentes que, sin duda, distorsionan la asignación de recursos en el mercado de trabajo, como pueden ser, por poner sólo dos ejemplos, la hiperprotección del empleo a través de unas altas indemnizaciones por despido para los trabajadores fijos –compensadas, eso sí, por la desprotección casi radical de los trabajadores temporales instituida en 1984 por el Gobierno socialista de Felipe González– o la judicialización del conflicto laboral a través de una jurisdicción especial –la de lo Social–, que lo hurta al juez natural y que se deriva de la Magistratura de Trabajo creada en el mencionado Fuero. Pero lo que más me interesa destacar aquí es que de este último también quedan, mixtificados, elementos del modelo sindical del franquismo.

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