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Amando de Miguel

Los tres regímenes

Sin que se haya notado la cesura que da paso a un nuevo régimen, el hecho es que estamos instalados en él. Vaya usted a saber cómo se llamará.

Amando de Miguel
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Sin que se haya notado la cesura que da paso a un nuevo régimen, el hecho es que estamos instalados en él. Vaya usted a saber cómo se llamará.
Adriana Lastra, María Jesús Montero y Alberto Garzón | EFE

La vida ha sido tan munificente conmigo que me ha permitido conocer personalmente dos regímenes políticos completos de mi país: el Franquismo y la Democracia. Cada uno de ellos duró unos 40 años; ya es constancia.

Me nacieron el mismo día en que Hitler regaló a Franco la emisora Radio Nacional de España. Todavía no se ha privatizado. Mi periodo de aprendizaje (la escuela y la carrera) tuvo lugar bajo el Franquismo, fenómeno a cuyo análisis dediqué miles de páginas. Las cuales me valieron algunos plácemes y no pocos disgustos. La Democracia coincidió con la etapa de mi consolidación profesional y los años más sosegados de mi jubilación.

Los dos regímenes que digo fueron plásticos, proteicos. El Franquismo se inauguró el 17 de julio de 1936 con un panfletillo de su fundador que terminaba así: "¡Libertad, igualdad y fraternidad!". Era un rasgo de ignorancia o una premonición de que no iba a ser nada original. Franco no pretendió ser el ideólogo del Franquismo, ni le agradó nunca que hubiera franquistas. Por eso adoptó al principio la ideología poética y los símbolos de Falange Española. Levantó así una especie de totalitarismo católico, una democracia orgánica un tanto despistada. En seguida se trocó en un autoritarismo paternalista con ribetes tecnocráticos. Acabó haciéndose el harakiri para facilitar la transición hacia la Democracia sin más. El cambio se produjo sin intervención exterior alguna.

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