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Iván Vélez

Olga Tokarczuk, fabuladora negrolegendaria

Tal condición le hará ganar adeptos entre el amplio colectivo de personas adscritas a las numerosas sectas salvíficas que marcan nuestro presente.

Iván Vélez
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Tal condición le hará ganar adeptos entre el amplio colectivo de personas adscritas a las numerosas sectas salvíficas que marcan nuestro presente.
Tokarczuk, durante la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Literatura | Cordon Press

Las palabras reproducidas forman parte del discurso pronunciado por la escritora polaca Olga Tokarczuk (Sulechów, 1962) durante la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Literatura del año 2018, organizada por la Academia Sueca tras la parálisis producida por la concesión del mismo a Bob Dylan y el afloramiento de ciertos casos de escandinava corrupción. La escritora merece las felicitaciones de los lectores españoles por su obra de ficción, sin embargo, resulta difícil permanecer en silencio ante la pretendida conexión que estableció entre el descubrimiento de América, la desaparición de la población indígena y el cambio climático.

Como tantos noveleros, por emplear la fórmula quevedesca, Tokarczuk se acoge a algunos de los más populares estereotipos de la Leyenda Negra, conveniente y climáticamente actualizados para la ocasión. La escritora se deleita incluso cantando las bondades de la agricultura prehispánica, cuyas armónicas y sostenibles canalizaciones fueron pasto de la selva tras la llegada de los barbudos. Sin embargo, pese a estas obligadas pinceladas ecológicas, el grueso de la crítica de la polaca gravita sobre el tópico del "exterminio" de la población nativa, que pretende demostrar con cifras más que discutibles, de cuyo origen nada dice, pues doña Olga no desvela las fuentes de las que bebe. Según afirmó durante su intervención en la Sala de Conciertos de Estocolmo, antes de la llegada de los europeos había sesenta millones de nativos americanos, números alejadísimos de los que manejara en su día alguien también nacido en Polonia, Ángel Rosenblat, que en su La población indígena de América desde 1492 hasta la actualidad (Buenos Aires, 1945) calculó que antes de la llegada de Colón el número de indígenas que vivían en todo el continente era algo superior a los trece millones, cifra que en 1570 había descendido a once millones y que en 1825, dentro ya de los procesos de cristalización de las naciones políticas hispanoamericanas, se situaba en ocho.

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