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Amando de Miguel

La imposible democracia plena

Se ha conseguido, sí, una peculiar versión de una democracia aparente, aunque desarticulada y convulsa.

Amando de Miguel
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Se ha conseguido, sí, una peculiar versión de una democracia aparente, aunque desarticulada y convulsa.
Pedro Sánchez durante la firma con patronal y sindicatos, con Pablo Iglesias de testigo. | EFE

Con razón se llamó "transición democrática" (subrayado el sustantivo) a la provisional hazaña de la Constitución de 1978, incluidos sus arriesgados antecedentes. Cierto es que superó con gracia la ardua cuestión de suceder pacíficamente a un régimen autoritario. No era poca cosa para país tan atribulado con había sido la España contemporánea, sujeta a tantas vicisitudes. La verdad es que el experimento de la transición ha durado cuatro décadas, que es el límite temporal de los regímenes en España. Mas todo indica que ha llegado a su fin. El Gobierno del doctor Sánchez parece dar sus últimas bocanadas.

Se ha conseguido, sí, una peculiar versión de una democracia aparente, aunque desarticulada y convulsa. Por lo menos, aspira a presentarse como una democracia homologable con la de los países centrales de lo que llamamos Occidente. Para lo cual se requieren las siguientes reformas, que alguno podría considerar como revoluciones:

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