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Amando de Miguel

La coalición suicida

Cuando se alían dos fuerzas de izquierda para gobernar, acaba imponiéndose la más radical.

Amando de Miguel
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Cuando se alían dos fuerzas de izquierda para gobernar, acaba imponiéndose la más radical.
El socialista Pedro Sánchez abraza a su socio comunista, Pablo Iglesias | EFE

Me refiero a la coalición por antonomasia, la gubernamental. Con una veintena de partidos en las Cortes, no hay más remedio que formar Gobierno con alguna coalición de partidos. Pero hay que pagar un precio, el de la ambigüedad, o peor, el de la imposición de un partido sobre otro, lo que nos aleja del modelo democrático y nos acerca al oligárquico. En ello estamos. Nótese que en España no hemos tenido un Gobierno de coalición desde 1936. El precedente no es como para sentirnos contentos. En aquel caso se impusieron los comunistas, que, al empezar, eran una escuálida minoría.

Hay una ley de la constancia histórica por la que, cuando se alían dos fuerzas de izquierda para gobernar, acaba imponiéndose la más radical. El ejemplo clásico es la conjunción de los mencheviques y los bolcheviques en la Rusia revolucionaria de hace más de un siglo. Naturalmente, arrasaron los bolcheviques, que en ruso quiere decir algo así como los populistas. Es evidente la aplicación del ejemplo al caso español de ahora, salvando todas las distancias de tiempo y lugar.

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