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Amando de Miguel

La experiencia del confinamiento por mor del virus

Los españoles, tan extravertidos, no hemos experimentado una situación así en nuestra historia contemporánea, ni siquiera en tiempos bélicos.

Amando de Miguel
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Los españoles, tan extravertidos, no hemos experimentado una situación así en nuestra historia contemporánea, ni siquiera en tiempos bélicos.
Una joven aplaude desde su balcón a los sanitarios que están en primera línea en la lucha contra el Covid-19 | EFE

En nuestros abrumados tiempos, es tan general el derecho a la libertad de movimientos que la prescripción oficial de ‘no salir de casa’ por razón de la epidemia resulta una extravagancia. Los españoles, tan extravertidos, no hemos experimentado una situación así en nuestra historia contemporánea, ni siquiera en tiempos bélicos. Otra cosa es que, por mandato judicial o policial, uno se venga obligado al arresto domiciliario, pero eso fue una pena de cuando el lejano franquismo. Yo pasé por ella junto a otros muchos compatriotas de mi generación y mi ambiente. Ahora la movilidad no es solo un derecho, sino que constituye el objeto central de un ministerio del Gobierno, antes encargado de levantar obras públicas.

Pero lo de ahora resulta insólito. Se trata de una especie de arresto domiciliario colectivo, que puede ser sancionado por la Policía si se contraviene. No me queda clara la figura jurídica ni el alcance de la prohibición. ¿Puedo salir a la calle a sacar el cubo de la basura? ¿Puedo acudir a la parroquia a rezar o a cumplir con Pascua? ¿Puedo acercarme al ayuntamiento a solicitar un servicio? ¿Puedo salir a comprar una bebida o un bocadillo en una máquina dispensadora? ¿Puedo salir a Correos para enviar una carta certificada? ¿Puedo visitar a un médico privado o a mi asesor fiscal? Tengo más preguntas, pero no quiero cansar al lector, suponiendo que haya llegado hasta aquí.

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