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Mikel Buesa

Estado de desperdicio

Ni el Gobierno ni los técnicos –supuestamente científicos– han entendido bien la naturaleza del sistema dinámico al que nos enfrentamos.

Mikel Buesa
Mikel Buesa
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Una epidemia es un sistema dinámico. Esto es lo primero que hay que entender para poder afrontar la crisis sanitaria que una epidemia puede provocar, especialmente si una parte significativa de la población requiere asistencia hospitalaria y si el contagio puede tener consecuencias letales con una probabilidad más elevada de lo habitual –o sea, que impulse al alza la tasa de mortalidad general, que en España es de 9,1 por cada 1.000 habitantes–. El caso del coronavirus es de este tipo: muy contagioso y muy letal; y, por tanto, muy peligroso, tal como estamos viendo. Pero es que, además, ese sistema dinámico conduce, en este caso, a una acumulación muy rápida de enfermos, de necesidades hospitalarias y de atención sanitaria; y de muertes. Se trata de un sistema que se ajusta al perfil de una aplicación logística y, como nos ha enseñado la teoría del caos determinista, un modelo matemático con esta configuración tiene un abanico muy estrecho de soluciones de equilibrio, siendo además muy sensible a sus condiciones iniciales y a los cambios que sobre esas condiciones se puedan introducir por la acción humana. Comprendo que esto que acabo de señalar es muy abstracto y, por eso mismo, conviene traducirlo. Vayamos a ello: acertar para frenar la epidemia no es fácil y, además, si te equivocas, la cagas.

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