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Julio  Tovar

Inés Arrimadas ante el espejo de Alcalá-Zamora

El voto de Arrimadas a favor del estado de alarma vuelve a proyectar sobre el centro político el reflejo de espejos pasados.

Julio  Tovar
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El voto de Arrimadas a favor del estado de alarma vuelve a proyectar sobre el centro político el reflejo de espejos pasados.
Inés Arrimadas | Pedro Ruiz.

El reciente voto de Inés Arrimadas a favor del estado de alarma de las izquierdas en el Gobierno vuelve a proyectar sobre el centro político el reflejo de espejos pasados. Es innegable la ineficacia de la actual coalición en la gestión del covid-19, la cual ha permitido superar los 20.000 muertos que se cobró la Batalla del Ebro en la Guerra Civil; pero cabe la pregunta de si el partido de Arrimadas, Ciudadanos, se está jugando su razón de ser y su futuro con ese apoyo. Así, aunque los odios sociales hayan decaído, existe una larga tradición hispana de centristas fracasados que ganaron el alma y perdieron el mundo. Uno de ellos, Niceto Alcalá-Zamora, se le refleja ahora en el cristal a una Arrimadas a la que habrá sorprendido ese improvisado bigote.

Nunca tuvo muchos defensores, pero ese político cordobés, republicano y conservador que fue Alcalá-Zamora dejó unos diarios que de tan poco consultados por el gran público casi resultan inéditos. Sus vivencias, editadas al fin de manera completa tan tarde como en 2011, muestran a un epígono del último Emilio Castelar en materia de retórica. Con éste comparte también la moderación y también cierta ingenuidad respecto a sus coetáneos. El orador cordobés, confiado en el triunfo de la moderación luego de los bandazos a izquierda y derecha de la II República, instigó las elecciones de febrero de 1936 como prueba de oro para un país harto de extremismos. Juzgaba de este modo la situación, con verdadera falta de perspicacia, el diez de febrero de 1936:

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