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Amando de Miguel

Sumisión: la otra cara del autoritarismo

El Gobierno se mantiene gracias a un rasgo secular del pueblo español, desplegado bajo todo tipo de regímenes: una sumisión entre despegada y ovejuna.

Amando de Miguel
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El Gobierno se mantiene gracias a un rasgo secular del pueblo español, desplegado bajo todo tipo de regímenes: una sumisión entre despegada y ovejuna.
Pedro Sánchez, en un mitin del PSOE | EFE

El Gobierno se mantiene a trancas y barrancas gracias a un rasgo secular del pueblo español, desplegado bajo todo tipo de regímenes: una sumisión entre despegada y ovejuna. Aduzco esta perspicaz observación de Jesús Laínz:

La sumisión no es más que la otra cara de un atributo bífido: el autoritarismo. Es tanto activo (el ejercicio arbitrario o despótico del poder político) como pasivo (la aceptación resignada de las veleidades de los poderosos). Al asunto le he dedicado un libro entero, todavía en el taller, que será parte de mis obras póstumas. Creo que aquí está la clave del profundo malestar que tantas veces se deriva de la vida colectiva española.

Tan autoritaria es la democracia española actual que se acepta con naturalidad el hecho de que funcionen, incluso gobiernen, partidos políticos cuyos mandamases no se sienten españoles. Por lo mismo, puede decirse que Cataluña o Vasconia se comporten tranquilamente como si fueran Estados independientes y adversos al Estado español. El País Vasco pretende engullir tranquilamente los territorios vecinos: Navarra, Treviño y quién sabe si no se atreverá con Castro Urdiales. Cataluña aspira a constituirse en la cabeza de un imperio dizque cultural sobre una cabeza de alfiler: los hipotéticos Países Catalanes. Apenas nadie se solivianta, y menos el Gobierno, ante tales disparates irredentistas. Por ahí asoma también el espectro la sumisión de un pueblo aborregado.

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