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Doctor Simón: su comportamiento, como médico y como persona, es miserable.

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Doctor Simón: su comportamiento, como médico y como persona, es miserable.
Fernando Simón | EFE

Es una frase que mi padre dejó subrayada en La Grande Armée, un libro sobre los ejércitos de Napoleón. De Napoleón al Mariscal Ney, su amigo de tantas batallas. Éste no podía sino estar agradecido a su emperador, que le había otorgado un título, ascendido a mariscal y, en definitiva, hecho partícipe de su grandeza. Sin embargo, se enfrenta a él. Napoleón se había escapado de su presidio en la isla de Elba y subía por el Ródano hacia París. Desde París, el nuevo Gobierno envía con urgencia un ejército para detenerlo y Ney asume el mando, pero la marcha de Napoleón hacia París es triunfal. Los pueblos a su paso le aclaman, los regimientos no se oponen y le acompañan y cuando el ejército oficial –no muy convencido de lo que está haciendo– se encuentra en Lyon con el que hasta hace poco había sido su glorioso emperador, Ney avergonzado pide disculpas a Napoleón, que contesta que no hace falta.

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