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Amando de Miguel

El equivalente de la III Guerra Mundial

La gran batalla se está disputando ahora entre los países hegemónicos hasta dar con la vacuna y sobre todo la terapia contra el virus chino y sus sucesores.

Amando de Miguel
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La gran batalla se está disputando ahora entre los países hegemónicos hasta dar con la vacuna y sobre todo la terapia contra el virus chino y sus sucesores.
El dictador chino Xi Jinping | EFE

La Guerra Europea de 1914 la elevamos a la categoría de mundial, un poco precipitadamente, al comprobar que supuso una mudanza fundamental en las costumbres y en las relaciones internacionales. Pensemos simplemente en que hasta entonces se podía viajar de un país a otro cualquiera sin pasaporte (solo con libras esterlinas). Hoy, además de los pasaportes, se necesitan visados y cuotas migratorias, controles de todo tipo, últimamente con la documentación sanitaria en regla. A los viajeros se les toma la temperatura antes de abordar el avión.

La I Guerra Mundial supuso el principio del fin de la hegemonía de Europa, que pasó el testigo a los Estados Unidos. El proceso se redondeó del todo tras la II Guerra Mundial. A su vez, dentro de Europa, España fue quedando cada vez más marginada de los verdaderos centros de decisión política, científica, económica o militar. Nuestro fantástico desarrollo económico no pasó de ser un espejismo. La Unión Europea (sin Rusia, Ucrania o el Reino Unido) no pasa de ser una organización proteccionista y, desde luego, muy cara.

La III Guerra Mundial propiamente ya no tendrá lugar en términos bélicos, pues supondría la extinción del planeta. Sin embargo, se sigue luchando con todas las armas posibles por la supremacía de una u otras potencias. Se ha afianzado una nueva: China. Paradójicamente de ella ha provenido el equivalente de la tercera conflagración mundial: la pandemia vírica. La llamada corrección política se resiste al sintagma virus chino, tan ajustado a la realidad. China produce una especie de temor reverencial al convertirse en la fábrica mundial.

La gran batalla se está disputando ahora entre los países hegemónicos hasta dar con la vacuna y sobre todo la terapia contra el virus chino y sus sucesores, que quizá se sigan originando en China. Las investigaciones más adelantadas van a provenir de los Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Israel y China. Es un sueño pensar que los españoles puedan encontrarse en la vanguardia de esa gran ofensiva científica.

En las sucesivas guerras mundiales (ahora se dice "globales"), una operación fundamental será la de establecer las culpas, por tanto, las consiguientes reparaciones de guerra. Es claro, por ejemplo, que Alemania destapó la invasión que significó la II Guerra Mundial por la protesta que supuso el monto desusado de las compensaciones derivadas de la Guerra Europea. Fue el gran acicate para el nacionalismo alemán.

El enemigo de la pandemia actual, aunque proceda de China, no puede asimilarse a ningún país. Es una invasión de otra especie, por cierto, de momento invencible. En realidad, la pandemia se ha visto facilitada por el hacinamiento humano. El cual es consecuencia inevitable de nuestro sistema económico, común al mundo comunista y al capitalista. Se basa en una gran densidad de intercambios humanos, de mercancías y mensajes. De ahí que la gran catástrofe de este equivalente de la III Guerra Mundial vaya a ser el desmantelamiento de las megaciudades, con su inevitable hongo de la contaminación atmosférica. Parece una utopía que podamos regresar a una especie de nueva edad media de la población dispersa por el campo. El hecho es que las aglomeraciones metropolitanas producen horror y son necesarias. Áteme usted esa mosca por el rabo.

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