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Amando de Miguel

Los nuevos siglos oscuros

Por debajo de los actuales agobios sanitarios tiene lugar el pesado movimiento de las placas tectónicas que son las civilizaciones.

Amando de Miguel
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Por debajo de los actuales agobios sanitarios tiene lugar el pesado movimiento de las placas tectónicas que son las civilizaciones.
EFE

A veces hay que desplegar la acción de contemplar el paisaje humano con una mirada de águila. Así podemos calibrar mejor la sucesión de los acontecimientos que importan realmente. Ya no bastan las unidades menores (días, meses, años), sino los siglos y aun los milenios.

Con tal perspectiva aguileña, se observa en la historia europea una doble y sucesiva secuencia de grandes épocas, que se suceden al tresbolillo. Por ejemplo, el medio milenio que representó el imperio romano, del cual sabemos muchísimo. Luego llegó poco a poco otro medio milenio de desintegración. Se desmantelaron las ciudades, la red de calzadas dejó de utilizarse. Empezaron unos siglos oscuros, que llamamos, sin mucho fundamento, Edad Media. Después de la peste de mediados del siglo XIV, que duró varios años, se inaugura el Renacimiento y la gran era de creación europea, con los portentosos descubrimientos científicos y geográficos. Hemos asistido al final de ese medio milenio creador en el siglo XX. Después del cual nos adentramos otra vez en una época de siglos oscuros, que certificarán nuestros tataranietos. Se presentan otra vez después de una pavorosa pandemia, todavía en sus comienzos. Al igual que la de mediados del siglo XIV, se sospecha que esta peste actual se originó en China; nadie sabe por qué. Es curioso que viaje por la Tierra en dirección contraria al movimiento de rotación de nuestro planeta.

Por debajo de los actuales agobios sanitarios tiene lugar el pesado movimiento de las placas tectónicas que son las civilizaciones. Por lo que respecta a este rincón de la Tierra, el águila percibe la obliteración de la capacidad creativa de los europeos, antaño asombrosa. Más perceptible es el declive de la Unión Europea (a la que ni siquiera pertenecen Rusia, Ucrania o el Reino Unido), reducida a una costosa federación proteccionista. En España la Transición democrática da las boqueadas; y también el Estado nación, que fue el primero en aparecer, hace medio milenio. En el mundo periclita nada menos que la economía capitalista, después de haberse instalado con éxito paradójico en la China comunista. El sector económico con mayor futuro es el del desguace de coches, aviones, barcos, centrales nucleares, fábricas de todo tipo, incluso rascacielos.

Ya digo que todos estos movimientos solo pueden percibirse con la prodigiosa perspectiva de las águilas. Lo malo es que, hoy por hoy, la visión del Homo sapiens se acerca más a la de los insectos.

El símbolo de nuestra incapacidad científica es que, ante la pandemia de la peste china, no se nos ocurren mejores armas que las que se utilizaron en el siglo XIV, básicamente el confinamiento de la población. Es el definitivo estancamiento de la ciencia, que fuera la gran creación de la cultura europea. Los científicos hodiernos se han visto sustituidos por los expertos, que aspiran a ser los modernos nigromantes.

Habrá que aprestarse a un nuevo ciclo de siglos oscuros, que ya asoma. Tendrá su grandeza, como acompañó también a la Edad Media.

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