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Florentino Portero

Alemania y la crisis bielorrusa

Me temo que esta decadente Europa se ha entregado al gusto inmediato y pagará duramente por ello.

Florentino Portero
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Me temo que esta decadente Europa se ha entregado al gusto inmediato y pagará duramente por ello.
La canciller alemana, Angela Merkel, y presidente ruso, Vladimir Putin, en una imagen de archivo. | EFE

A muchos nos sorprendió, hace unos años, que una formación política tan racional y responsable como la Unión Demócrata Cristiana alemana (CDU) renunciara a la energía nuclear. La fisión nuclear es la forma de generación de energía que aúna una mejor relación entre coste y garantía de suministro. Abandonarla suponía, en el caso de Alemania, establecer una dependencia estratégica con Rusia que, en el mejor de los casos, sería una insensatez. Detrás de esa decisión tan radical se encontraba un liderazgo que percibía una creciente desconexión con las generaciones más jóvenes y que constataba el crecimiento de la opción política verde. Con el tiempo los verdes abandonaron parte de su discurso radical, aunando una defensa de la economía liberal con una profunda sensibilidad por lo ecológico y sostenible. Aquellos líderes entrevieron que podía estar en marcha un reencuentro entre padres e hijos en torno a la mesa familiar, cuya expresión política sería un nuevo formato de coalición. Atrás quedaban los históricos acuerdos con los liberales, afines a los intereses empresariales. En cuanto a las grandes coaliciones con los socialdemócratas, eran, y son, antinatura, sólo explicables en situaciones extraordinarias.

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