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Mikel Buesa

A por el 2%

Lo que habría que pedir no es más recursos para la ciencia, sino para la tecnología. Y en esto último los actores relevantes no son los políticos.

Mikel Buesa
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Lo que habría que pedir no es más recursos para la ciencia, sino para la tecnología. Y en esto último los actores relevantes no son los políticos.
La presentadora de La Sexta Mamen Mendizábal, promocionando la campaña | Imagen de vídeo

El grupo de comunicación audiovisual Atresmedia ha emprendido una campaña de recogida de firmas para pedir a los partidos políticos "un pacto para elevar al 2% la inversión de nuestro PIB en ciencia". Según señala, sigo a La Sexta, lo hace "porque ya no podemos esperar", al parecer porque "invertir en ciencia" es una "vía de protección sociosanitaria", y porque, afirma, España sólo dedica a este cometido el 1,24% cuando "la media europea en I+D se sitúa en el 2,12%". El mensaje es incluso más complejo porque va acompañado de investigadores del área sanitaria, con lo que se sugiere que, con el 2%, podría vencerse la epidemia de coronavirus. En la radio en cambio –me refiero a Onda Cero– es frecuente el mensaje que identifica el asunto del 2% con la ciencia y la innovación, con lo que se hace más confuso y complejo, como enseguida veremos.

Confieso que me he quedado perplejo porque creía, ya veo que equivocadamente, que no era necesario haber leído a fondo el Manual de Frascati –publicado por la OCDE– para saber que, conceptualmente, no es posible asimilar la ciencia a la I+D. Y también pensaba que tampoco era preciso haberse estudiado el Manual de Oslo –también de la OCDE– para saber que el concepto de innovación excede con mucho al de I+D. Ésta comprende todas las actividades de investigación, tanto en el terreno de la ciencia básica y aplicada, como en el del desarrollo tecnológico. Claro está, en la ciencia actúa preferentemente el sector público con sus universidades y organismos de investigación –aunque también hay entidades privadas en este campo–; pero el desarrollo tecnológico es, sobre todo, el cometido de las empresas innovadoras. Y si nos movemos en el espacio de la innovación, entonces aparece no sólo la I+D de las empresa –sin tener en cuenta a las instituciones científicas– sino también la compra de maquinaria y equipos, la adquisición de conocimientos inmateriales protegidos por los derechos de la propiedad industrial e intelectual, el gasto en diseño e ingeniería, el coste de la formación de los trabajadores implicados en la introducción de nuevos productos o procesos, y las inversiones en marketing relacionadas con el lanzamiento de nuevos productos hacia el mercado, conceptos todos éstos que se escapan del ámbito de la ciencia. En resumen, ni la I+D es sólo ciencia, ni menos aún es asimilable a innovación.

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