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Mikel Buesa

Una evocación antiterrorista

El terrorismo nacionalista, en su expresión política, está siendo indisimuladamente blanqueado.

Mikel Buesa
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El terrorismo nacionalista, en su expresión política, está siendo indisimuladamente blanqueado.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), junto a la vicepresidenta primera, Carmen Calvo | EFE

Por mucho que disimule, Sortu –y por ende su coalición electoral EH Bildu– entronca, a través del MLNV, con ETA, la entidad protagonista del hecho fundacional de ese Movimiento al que el referido partido se ha adherido. Por eso no es de extrañar que algunos terroristas, tras cumplir condena, hayan asentado sus posaderas en él y, a través suyo, en las poltronas representativas de ayuntamientos, diputaciones forales y parlamentos. Y tampoco sorprende que, en tales circunstancias, no haya habido pronunciamiento alguno de condena del terrorismo entre sus filas. Esto lo sabe todo el mundo, por mucho que, en el partido socialista, se hagan ahora la picha un lío al tratar de enmascararlo, apelando a la institucionalidad, para justificar sus rastreros negocios con ellos a cambio de un puñado de votos. Porque, recordémoslo, tal institucionalidad ha existido durante toda la trayectoria política que el partido de ETA, bajo diferentes nombres y siglas, ha ido atravesando desde su configuración electoral como Herri Batasuna, en 1978, hasta nuestros días. Sin embargo, ello no ha sido motivo hasta ahora para que el PSOE haya aceptado tratarlo, incluso con deferencia, como si fuera uno más entre los partidos que se desenvuelven en la arena política española. Digámoslo claramente: con la llegada de Pedro Sánchez al poder, se ha producido una ruptura en este asunto –es verdad que con algún entronque en la etapa de Zapatero– hasta el punto de que el terrorismo nacionalista, en su expresión política, está siendo indisimuladamente blanqueado.

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