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Eduardo Goligorsky

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Continuaremos trabajando unidos para cumplir con nuestro deber de lealtad a la Constitución, a la Monarquía y a España.

Eduardo Goligorsky
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Continuaremos trabajando unidos para cumplir con nuestro deber de lealtad a la Constitución, a la Monarquía y a España.
Manifestación contra la Ley de Eutanasia frente al Congreso de los Diputados. | Cordon Press

Temo que el apasionado debate entre partidarios y adversarios de la Ley de Eutanasia y Suicidio Asistido se haya desviado hacia escenarios ficticios. Cualquiera diría que los adversarios de la ley proponen la aplicación universal de un recién descubierto elixir de la inmortalidad, en tanto que los partidarios de dicha ley son negacionistas obstinados en privarnos de esa panacea. No es así. Nadie se evade del ciclo vital y este desemboca inevitablemente en la muerte, que puede producirse en cualquier etapa de la existencia, por causas naturales o inducidas. Llegados a este punto, debemos dejar de argumentar como si fuera posible la quimera de la inmortalidad, para abordar las circunstancias inherentes a nuestro tránsito hacia la muerte. Racionalmente, hasta donde sea posible.

Desde que el mundo es mundo los seres humanos no han cesado de buscar explicaciones tranquilizadoras a lo que sucede en el más allá desconocido. Testimonio de ello son restos arqueológicos, monumentos imperecederos, ceremonias intemporales y obras maestras de la literatura universal. Quienes siguen apegados a esas explicaciones son los herederos de culturas milenarias, cuyas creencias merecen el mayor respeto aunque los escépticos discrepemos de ellas.

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