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Amando de Miguel

Cuidado con el progreso

Aunque puedan alardear de progresismo, se comportan como reaccionarios. Es el caso de Podemos, ávidos de dictadura, aunque sea popular.

Amando de Miguel
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Aunque puedan alardear de progresismo, se comportan como reaccionarios. Es el caso de Podemos, ávidos de dictadura, aunque sea popular.
El portavoz de Podemos, Rafa Mayoral. | EFE

Quiero decir, más que con el progreso, con los sedicentes progresistas, que han acaparado la etiqueta. En España, a mediados del siglo XIX, antes de que surgiera el socialismo, ya había partidos y grupos progresistas. Entre otros rasgos, se caracterizaban por un radical anticlericalismo, realmente un odio visceral a la religión católica. Los progresistas hodiernos han recogido esa tradición, tan española. Pero, como suele decirse, coloquialmente, no habrá que confundir el culo con las témporas.

Nadie discute que hay una línea de progreso o adelanto continuado en la disposición de los bienes materiales. Cuenta, sobre todo, el desarrollo de la industria, la vivienda, la alimentación, la higiene. Empero, no se puede extrapolar ese razonamiento a todas las formas de evolución. Las hay miserables. Sin llegar a tanto, la historia de los gustos artísticos, de los usos sociales, no dibuja necesariamente una línea de sistemática mejora. Cabe una ilustración: pocos españoles se sentirán satisfechos con que, en España, se haya llegado a la cota de natalidad más baja de la historia, la mínima del mundo actual. Y eso fue antes de que se fomentara el homosexualismo. El progreso fundamental de una sociedad es la de reproducirse de forma equilibrada. No es mucho pedir.

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