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Amando de Miguel

La crisis económica sin recuperación

Nos espera una verdadera hecatombe como la de hace un siglo; acaso, mucho más fuerte.

Amando de Miguel
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Nos espera una verdadera hecatombe como la de hace un siglo; acaso, mucho más fuerte.
'El pensador', de Rodin. | Archivo

Históricamente, la palabra crisis (en su origen, un término médico) se refería a los cambios, más o menos inesperados, de Gobierno. Intentaban superar la situación de inestabilidad o de vacío de poder. Pero de un tiempo a esta parte las crisis son de carácter económico. Se supone que siguen más bien una trayectoria sinuosa, como corresponde a los vaivenes de la bolsa o del bienestar de la población. Todo ello se suele ver, por lo general, desde el punto de vista de las empresas. Se supone que son las que dan trabajo, aunque, si bien se mira, es la organización social, en su conjunto, la que proporciona un número creciente de empleos. Desde el punto de vista de cada empresa, hará bien en crear el menor número posible de puestos de trabajo, dada la lógica limitación de capital.

La de los años 30 del siglo pasado significó una alteración más profunda y duradera, que precipitó la II Guerra Mundial. Desde entonces, las crisis económicas han sido más bien oscilaciones efímeras que dibujan un perfil de dientes de sierra. El fastigio, o fase culminante de ese perfil de la coyuntura, era señal de que pronto iba a seguir una fase descendente. Es la trayectoria que siguen los que juegan a la bolsa.

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