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Amando de Miguel

Mitos y falacias sobre la amistad

Los amigos pueden mantenerse aunque mengüen las posibilidades de una comunicación continua.

Amando de Miguel
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Los amigos pueden mantenerse aunque mengüen las posibilidades de una comunicación continua.
Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, cuando eran amigos. | EFE

Gran cosa es la amistad, un hecho universal e indeclinable, por selectivo. Por eso mismo, no hay que esperar el estricto cumplimiento de tal sueño, tan general, de tener muchos fieles amigos. Ya lo decía el huraño Pío Baroja: “Solo los tontos tienen muchos amigos”.

Hay grados y matices en los procesos de enamoramiento, como los hay en los de amistad. Es un tópico el elogio fúnebre, cuando no se sabe qué destacar del finado: “Fue siempre amigo de sus amigos”. Que es como no decir nada, tan general es el hecho social de la amistad.

En la literatura española de todos los tiempos, se encuentran episodios de posibles defecciones de los (que se creían) amigos. Después de todo, la traición de Judas a Jesús no puede ser más reveladora.

El monumental refranero castellano recopilado por Luis Martínez-Kleiser contiene numerosas ilustraciones sobre los falsos amigos, los que por dinero u otros intereses se pasan a los adversarios. Se comprende que esa especie de ética de la desconfianza o del desengaño sea bien recibida por la población de un país pobre. Que conste que la pobreza alcanza a todas las capas de la sociedad. Hay, también, pobreza de espíritu, no solo económica. Sin ir más lejos, el Quijote es un completo tratado de cómo hay que ir con cautela por la vida. La cual aparece llena de asechanzas por parte de los que se presentan en son de amistad. En algunos episodios, ni siquiera el leal Sancho resulta de fiar para el candoroso don Quijote.

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