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Amando de Miguel

La democracia y la libertad de expresión

Lo más grave es que, ante los asaltos a la libertad de expresión, el vecindario sumiso se conforma con el ostentoso título que se le otorga de 'ciudadanía'.

Amando de Miguel
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Lo más grave es que, ante los asaltos a la libertad de expresión, el vecindario sumiso se conforma con el ostentoso título que se le otorga de 'ciudadanía'.
Archivo.

La piedra clave del arco democrático es lo que en su día se llamó libertad de imprenta; ahora es la libertad de expresión, mucho más amplia y necesaria, pues en los regímenes autoritarios funciona la institución de la censura, descarada o disimulada. En los últimos años del franquismo se denominó “Gabinete de orientación bibliográfica”, del Ministerio de Información y Turismo (curiosa pareja).

En las democracias se suele dar por supuesta la libertad de expresión. Sin embargo, existen grandes variaciones de calidad, según sea el respeto a tal derecho. En principio, un sistema democrático es más o menos auténtico si se cumplen los requisitos de sucesión pacífica de los Gobiernos y elecciones regulares y libres. Las cuales exigen una pluralidad aceptable de partidos políticos. Ahora bien, esa definición se hace desde el punto de vista formal, pensando, más bien, en los que mandan. Una vez lograda tal condición, hay que añadir otra perspectiva más sutil e interesante, la que se traza en vista del respeto a los habitantes, voten o no. Es ahí donde entra el registro de la libertad de expresión.

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