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Amando de Miguel

La política como apariencia

El culto teatrero a las apariencias llega a su ápice en el anchuroso dominio de la política.

Amando de Miguel
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El culto teatrero a las apariencias llega a su ápice en el anchuroso dominio de la política.
Pedro Sánchez. | EFE

El culto teatrero a las apariencias llega a su ápice en el anchuroso dominio de la política. No en vano las acciones de los políticos se llaman "actuaciones". Para mal y para bien, la política viene a ser un resto de la fenecida sociedad aristocrática, la que, según Ortega y Gasset, "vive de invitarse o no invitarse". En ese mundo, que se alimenta de los generosos presupuestos del Estado, la lógica es la del como si. Significa el triunfo de las suposiciones. No es la menor pensar que los gobernantes persiguen siempre el bien común; ahora, reducido, con la correspondiente comisión, al "bienestar general".

El como si de las actuaciones gubernamentales supone que lo fundamental es la propuesta, el proyecto, el plan. Es fácil derivar una continua exaltación del eufemismo, lo que suena bien, aunque pueda resultar incomprensible. Por ejemplo, la inevitable subida de los impuestos se vende, a la sufrida ciudadanía, como un proyecto de armonización fiscal.

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