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Amando de Miguel

Falsas comunidades

Se trata de hacer ver que las realidades son como se desean, no como funcionan en la práctica.

Amando de Miguel
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Se trata de hacer ver que las realidades son como se desean, no como funcionan en la práctica.
El Parlamento Europeo. | EFE

La distinción teórica entre comunidad y sociedad es ya un clásico para los que profesan las ciencias sociales. Por ejemplo, explica la diferencia que puede haber entre la economía doméstica o cercana y la macroeconomía de las naciones o de un bloque de ellas. Las leyes que rigen para uno u otro espacio pueden ser algo distintas. Por lo mismo, las relaciones sociales en el círculo de la parentela, los vecinos o los amigos no son las mismas que las aplicadas a la sociedad autosuficiente que llamamos nación. El contraste dicho se entiende muy bien cuando comparamos una comunidad de monjas (un convento) con una sociedad anónima.

Nuestro tiempo es proclive a las confusiones y malentendidos en todos los ambientes. Se idealiza lo comunitario, lo referido al círculo inmediato a cada persona. Tanto es así que se genera una ingenua confianza en la sociedad como una especie de gran familia. Véase, como ilustración, con qué ingenuidad manejamos el gentilicio comunitario para todo lo referido a la Unión Europea (27 países). No hay más que observar el gigantesco Parlamento de la Unión Europea, el más nutrido del mundo y con una babel de lenguas y de intereses. Es fácil percatarse de que aquello no puede ser una comunidad en sentido estricto.

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