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Eduardo Goligorsky

El gueto LGTBI

Hay que ser muy inescrupuloso para dictar unas leyes que permiten someter a los menores a experimentos que pueden traumatizarlos por el resto de sus vidas.

Eduardo Goligorsky
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Hay que ser muy inescrupuloso para dictar unas leyes que permiten someter a los menores a experimentos que pueden traumatizarlos por el resto de sus vidas.
Pixabay

Según todos los observadores, España se encuentra entre los países distinguidos con la etiqueta gay friendly. Fue pionero en la aprobación de los derechos de los homosexuales, reconocidos, al amparo de la Constitución, como ciudadanos libres e iguales (dos adjetivos que son providencialmente inclusivos, por lo que no se habla de libros y libras, ni de igualos e igualas).

Paradójicamente, quienes ponen cortapisas a esta libertad e igualdad de sus acólitos son los pontífices de la iglesia LGTBI (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, intersexuales), que les niegan la posibilidad de recurrir a asistencia profesional para cambiar su estilo de vida si, por cualquier motivo, y por su voluntad personal, desean hacerlo. En estos casos, los popes del colectivo encierran a su rebaño en un corral de leyes punitivas y exhiben el talante de los talibanes que son despiadados con los apóstatas.

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