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J. Moreno

A propósito del Holodomor, un holocausto desconocido

¿Por qué suceden hechos tan terribles? ¿Son consecuencia, total o parcialmente, de la aplicación de los principios de las ideologías en cuyo nombre se cometieron?

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¿Por qué suceden hechos tan terribles? ¿Son consecuencia, total o parcialmente, de la aplicación de los principios de las ideologías en cuyo nombre se cometieron?
'El grito', de Munch. | Wikipedia

Como cada cuarto sábado de noviembre, el día 27 los ucranianos conmemorarán el Holodomor: la hambruna artificial de Ucrania durante el bienio 1932-1933. Se calcula que murieron al menos 3,9 millones de personas, nacieron 0,6 millones de niños menos y disminuyó de forma considerable la esperanza de vida de los nacidos entre 1932 y 1934 (v. The case of massive famine in Ukraine 1932-1933).

3,9 millones. Fríos números, inconscientes de la terrible realidad que encierran, dada a conocer a través de la recopilación, ordenación y análisis de documentos oficiales soviéticos, memorias de supervivientes y testimonios diversos, efectuada sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial. (Una recopilación reciente, detallada y bien fundamentada de este trabajo de investigación histórica se encuentra en Hambruna Roja. La guerra de Stalin contra Ucrania). Fuentes que describen, una y otra vez, las mismas escenas: personas en harapos, rostros rotos, cuerpos hinchados, cuellos delgados, piel fina y transparente, manos torpes, sin energía, rebuscando no ya en la basura sino en lo siguiente, qué comer, enfermos, muertos de hambre abandonados en las calzadas, robo, violencia y canibalismo, porque el hambre radical puede convertir a personas normales en animales desorientados y sin conciencia.

He aquí algunas ilustraciones:

– Un extracto de la carta enviada por el escritor prosoviético Mijaíl Shólojov a Stalin el 4 de abril de 1933 (Archivos Presidenciales de la Federación Rusa, 45/1/827/7-22):

En este distrito, al igual que en otros, los trabajadores de las granjas colectivas y los granjeros particulares se están muriendo de hambre a partes iguales; los adultos y los niños están hinchados y comen cosas que ningún ser humano debería comer jamás.

– Un fragmento de la correspondiente respuesta de Stalin un mes más tarde, el 6 de mayo (Archivos Presidenciales de la Federación Rusa, 3/61/549/194):

Los trabajadores de su distrito –y no solo del suyo– estaban en huelga, llevaban a cabo un sabotaje y ¡estaban dispuestos a dejar sin pan a los obreros y al Ejército Rojo! El hecho de que ese sabotaje fuera silencioso y en apariencia pacífico (sin derramamiento de sangre) no cambia en absoluto el fondo del asunto, que los respetados trabajadores llevaban a cabo una guerra de desgaste contra el poder soviético. ¡Una guerra a muerte, querido camarada Shólojov!

– En la primavera de 1933, el periodista de investigación galés Gareth Jones, burlando la prohibición explícita a la prensa de visitar Ucrania y el Cáucaso septentrional, se presentó en el corazón de la hambruna y relató lo que vio en varios artículos y entrevistas:

Por todas partes se oía el grito: "No hay pan. ¡Nos estamos muriendo!".

Mr. Jones, película dirigida por Agnieska Polland en 2018, recuerda la epopeya de este periodista íntegro.

De manera injusta, el Holodomor no es tan conocido como el Holocausto nazi, debido a su feroz encubrimiento por el régimen de Stalin; al silencio de las grandes potencias, que no querían enemistarse con la URSS; a su enmascaramiento por los grandes medios y, finalmente, a su disimulo por gran parte del tejido intelectual y artístico occidental, para no sembrar dudas sobre el comunismo, en la creencia de que esta ideología cumpliría el fin hegeliano de la Historia y conduciría a la Humanidad a un mundo perfecto y feliz. Sin embargo, el Holodomor va abriéndose camino, poco a poco, en la conciencia occidental.

En su duro camino por darse a conocer, un hecho adquiere especial relevancia: en 2008 logra el reconocimiento del Parlamento Europeo mediante la aprobación de la resolución P6_TA (2008)0523, cuyo título rezaba: Conmemoración del Holodomor, la gran hambruna ucraniana (1932-1933). Resolución del Parlamento Europeo, 23 de octubre de 2008. La hambruna artificial en Ucrania (1932-1933).

Es un texto breve del que subrayo algunas líneas:

Considerando que el Holodomor de 1932-1933, que causó la muerte de millones de ucranianos, fue planificado de forma cínica y cruel por el régimen de Stalin […] [el Parlamento Europeo] reconoce el Holodomor (...) como un crimen atroz contra el pueblo ucraniano y la humanidad; condena enérgicamente estos actos, dirigidos contra los campesinos ucranianos y marcados por el exterminio en masa y las violaciones de los derechos humanos y las libertades (...)

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¿Por qué suceden hechos tan terribles como el Holodomor? ¿Son consecuencia, total o parcialmente, de la aplicación de los principios de las ideologías en cuyo nombre se cometieron?

El principio fundamental de la ideología comunista es la superioridad indiscutible de lo colectivo sobre lo individual en todos los aspectos de la vida humana. Si lo comunitario es superior, entonces los fines de la comunidad deben imponerse categóricamente sobre los individuales, lo que implica que el individuo no puede elegir los suyos propios, convirtiéndose en un simple medio de otros, al servicio de la planificación colectiva diseñada por la autoridad del Estado comunista, donde él solo es una simple pieza instrumental, entre millones, de un inmenso puzle, cuyo destino ha decidido el poder supremo.

Pero la dignidad de un instrumento solo radica en su utilidad. Como consecuencia, la dignidad del individuo ya no le viene del simple hecho de ser persona, como en los principios occidentales clásicos –la mujer y el hombre han sido creados a imagen y semejanza de Dios y, por consiguiente, gozan de la máxima dignidad solo por el hecho de serlo–, sino de su utilidad para el plan comunitario. Esta lógica es la que pone en boca de Jean-Paul Sartre (1952) el célebre "Todo anticomunista es un perro". Es decir, fuera del comunismo no hay dignidad.

Así, en el Holodomor, los campesinos ucranianos, al negarse a participar en el plan de colectivización agraria de Stalin, fin colectivo superior que suponía la destrucción de su forma de vida tradicional, se colocan fuera de la comunidad, convirtiéndose, para los buenos comunistas, en indignos perros enemigos del pueblo, que destruirían la revolución.

Pero eso no es todo. Dos hechos más confluyeron contra los intereses del campesinado ucraniano:

1. La necesidad soviética de exportar trigo ucraniano con el fin de obtener las divisas necesarias para comprar la maquinaria que la planificación colectiva estatal de la industria requería.

2. El temor de Stalin a que la radical contestación del campesinado a sus planes de colectivización agraria reverdeciese las antiguas aspiraciones independentistas de la República de Ucrania.

Aún queda un último ingrediente por considerar: la ideología comunista justifica la violencia como medio de acción política. Véase el último párrafo del Manifiesto comunista:

Los comunistas rechazan ocultar sus opiniones y propósitos. Declaran abiertamente que sus objetivos solo pueden alcanzarse mediante el derribo violento del orden social existente.

Y así lo hizo el régimen de Stalin. En el Holodomor, los campesinos ucranianos fueron expropiados, deportados, perseguidos con leyes ex profeso, encarcelados, enviados a campos de concentración (gulags), fusilados; se les impuso un bloqueo forzoso para que no pudiesen salir de sus comarcas, se les incautó toda la comida y se les sometió a una cruel campaña propagandística de desprestigio destinada a presentarlos como enemigos del pueblo que merecían morir. El Holodomor fue el resultado de todo ello.

Nada puede doler más a las víctimas sin mácula de un crimen y a sus seres queridos que la ignorancia e indiferencia de la Historia ante su sufrimiento.

Por las víctimas del Holodomor, para que tengan el mismo reconocimiento que las del Holocausto nazi –y sus culpables idéntica condena– y puedan, así, descansar en paz.

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